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Mundo Económico

  • Enrique Vera

  • Enrique Vera Estrada
  • Se presenta un paquete austero y con mayores recortes al gasto

En esta semana se presentó ante el Congreso de la Unión el Paquete Económico para el 2017. Para nadie es un secreto que el gasto público seguirá desplomado en lo que resta de este sexenio. Y eso es principalmente debido a la reducción o caída en los precios del petróleo. Al momento de escribir estas líneas, el precio de la mezcla mexicana se encuentra en los 37 dólares por barril. Y luego dice el Gobierno de nuestro país ya no es netamente petrolero. Eso es mentira, pues se puede advertir que por la caída en la cotización del oro negro, el gasto del Gobierno en infraestructura y el gasto corriente se han venido para abajo. De la misma forma, aunque nuestras autoridades dicen que el 85 por ciento de nuestras exportaciones son de manufacturas, lo cierto es que el déficit en la balanza petrolera ha propiciado que el peso se haya visto fuertemente castigado y que el déficit en cuenta corriente haya crecido. De la misma forma, la caída del crudo le ha quitado más de medio punto porcentual al crecimiento de nuestra economía. Si los precios del petróleo se encontraran a niveles normales, nuestro país estaría creciendo a más del 3 por ciento anual. Por eso yo no creo que hayamos dejado de ser un país petrolero. Los datos y hechos citados muestran el fuerte impacto de la caída petrolera.

Por su parte, es totalmente falso que el Presupuesto sea un elemento de desarrollo en nuestra economía. Para nada. Como ya se ha mencionado en forma reiterada en esta columna, solo el consumo del sector privado está coadyuvando al crecimiento de nuestra economía. Es claro que ni el gasto público, ni la inversión privada, ni las exportaciones le están ayudando al país a crecer. Y lo más grave que yo veo es que dentro de ese consumo del sector privado, se han presentado disminuciones marginales, pues el consumo por bienes importados se ha visto reducido por la depreciación cambiaria.

Por su parte, el Paquete Económico para el 2017 muestra la intención del Gobierno de lograr un superávit primario del orden del 1.5 por ciento del PIB. Y eso me parece grave , pues significa que se está retirando dinero del circuito monetario (lo cual enfriaría más a la economía nacional) y significa, por su parte, que nuestras autoridades no nos están devolviendo a los contribuyentes todo el dinero que absorbieron de la economía en forma de impuestos. Gran cantidad de obras de infraestructura y de programas sociales ya no se llevarán a cabo, y esto a pesar de que el Gobierno trata de tranquilizarnos al decirnos que el recorte se hará sobre todo en el gasto corriente y no en el gasto en inversión. Sin embargo, yo dudo mucho de tal aseveración, pues el gasto corriente no se ha visto tan fuertemente recortado como se prometió.

Después de todo el recorte al gasto gubernamental y los enormes esfuerzos por bajar la inflación obedecen a la nada loable labor de quedar bien con las agencias calificadores de crédito y con los inversionistas extranjeros. Como se anunció hace dos semanas, tanto Moody´s como Stándar & Poor’s le redujeron la nota crediticia a nuestra economía, pasándola de un rango positivo a un nivel de BBB+. Esto se debe a que las finanzas públicas se ven obstaculizadas en su empeño por reducir al mínimo el déficit por dos monstruos que son ineficientes y altamente deficitarios: Pemex y la Comisión Federal de Electricidad. De hecho hay que recordar que anteriormente el remanente de operación de Banco de México se utilizó para sanear en parte los pasivos de nuestra empresa petrolera. Se le inyectaron ni más ni menos que 239 mil millones de pesos, que se utilizaron para pagar a proveedores con los cuales se tenían deudas y por su parte, para pagar pensiones a la planta laboral. Sin embargo estos dos “colosos” públicos siguen arrojando pérdidas y por tal razón, las agencias calificadoras citadas proponen una solución que no es del todo popular: privatizar tanto a Pemex así como a la CFE. De ahí la importancia de la Reforma Energética, para formar un ambiente de competencia que haga que las tarifas de los energéticos bajen. Sin embargo, aunque suena muy bien, la realidad es que dicha Reforma tomará varios años para cristalizarse. Tardará mucho tiempo en que haya esa competencia en el sector de los combustibles y de la energía eléctrica.

Pero bueno, volviendo a nuestro tema, es un hecho que en el Paquete Económico de 2017 se maneja un nivel de Requerimientos Financieros del Sector Público ( RFSP) del orden del 3 por ciento del PIB . Esto significa que se necesitan recursos para nutrir más al erario en esa proporción. Y el Gobierno trata a toda costa de que el RFSP sea de cero para el 2018. ¿Qué significa esto? Que en lo que resta del sexenio de Enrique Peña Nieto se apretará todavía más el gasto público, y por su parte, el Gobierno, al establecer tal meta, está obligado a incrementar los recursos a través de la tributación. De esta manera se trata de reducir el pasivo público, tanto interno como externo al mínimo, a pesar de que dicha reducción de la deuda interna (que es del orden del 3.1 por ciento del PIB) y la reducción de la deuda externa (del orden del 45 por ciento de la renta nacional) implique un enorme sacrificio en términos de crecimiento y empleo. Como bien se sabe en teoría económica, el déficit público y la expansión fiscal son valiosas para hacer crecer a una economía. Se deduce que el “apretón” fiscal es un elemento que frena el crecimiento . De esta manera, para terminar, es claro que se espera una fuerte austeridad fiscal y monetaria hasta el 2018