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El mundo ideal / Federico Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

Honestamente creo que el nuevo Reglamento de Tránsito del Distrito Federal tiene las mejores intenciones y quiere llevar a la Ciudad de México al primer nivel en términos de civilidad, desarrollo urbano y convivencia social. Sin embargo, no toma en cuenta una cuestión fundamental: se requieren dos partes para que esto funcione; la primera, por supuesto, son los ciudadanos que ahora deberán obedecer una serie de normas y límites, y la segunda, la autoridad que debe aplicar las reglas y –en su caso– sancionar a los ciudadanos que las infrinjan. ¿Dónde está entonces el problema? Desde mi punto de vista la dificultad está precisamente en esta relación: no es equitativa.

¿A qué voy con esto? Es bien sabido que una de las razones subyacentes por las que el tráfico en la Ciudad de México está cada vez peor es porque nadie respeta las reglas de tránsito. Ni los conductores, ni los peatones, ni mucho menos los oficiales encargados de ello. ¿Qué pasa entonces? Todo mundo hace lo que quiere y al final del día se tiene un caos generalizado. ¿El reglamento actual es malo, obsoleto o está en desuso? No lo creo. Como dije al inicio, honestamente creo que el Reglamento de Tránsito actual no es malo. Simplemente no se aplica y allí está el problema. Luego pues, si el asunto es la falta de aplicación del reglamento, ¿qué nos hace pensar que si cambiamos el manual de reglas, ahora sí se va a aplicar? Creo que la lógica está invertida: cambiamos en el papel las cosas que deseamos cambiar (aunque no sean las adecuadas) porque no podemos cambiar en la realidad las que sí deben de cambiar. ¿Un poco revuelto? Quizá. Pero México está lleno de esos ejemplos.

Veámoslo desde otro punto de vista: las leyes en México, ¿son malas? No creo. ¿Por qué nos empeñamos en cambiarlas todo el tiempo? ¿Por qué seguimos modificando el Código Penal para aumentar y aumentar las penas y convertir delitos comunes en graves cada vez más a menudo? Porque pensamos que esto resolverá el problema de la inseguridad; pero fallamos en el diagnóstico. No necesitamos nuevas reglas o sanciones más severas, lo que necesitamos es que la gente cumpla con las actuales y que las autoridades hagan su papel. Y así. Esto también lo podemos ver en el ámbito electoral: nos encanta modificar el reglamento electoral todo el tiempo; cambiamos el acceso de los partidos a los medios de comunicación, modificamos la operación sustancial del Instituto Nacional Electoral, inclusive le cambiamos el nombre y a los consejeros, pensando que esto resolverá el problema de fondo y que ahora sí, en México, habrá elecciones limpias, transparentes, y que todo mundo confiará en los resultados. ¿Lo que necesitamos son nuevas reglas electorales? No. Lo que necesitamos son candidatos y partidos con verdadera vocación democrática.

Es decir –y a manera de conclusión– que casi todas las reglas que hay en nuestro país son buenas. Los reglamentos, los códigos, los manuales, las comisiones, etc. Todo ello, en general, está bien conceptualizado. Pero caemos en la trampa de pensar que, si modificamos todo esto, la gente obedecerá y cumplirá con los límites impuestos, y la autoridad hará su papel honestamente. Y no hay nada más falso que esto. No se puede modificar la Constitución, la ley, el código o el reglamento para que la gente cambie su conducta. Sería mucho más provechoso que tuviéramos un programa de educación vial, en lugar de nuevas reglas. Hasta la Biblia lo dice: “No hay que echar vino nuevo en barricas viejas…” el resultado todos lo conocemos.
www.federicoling.com y @fedeling
*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.