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Muro con dinero criminal

  • Raúl Carrancá y Rivas

El senador norteamericano Ted Cruz ha propuesto que el tristemente célebre muro ideado por Trump, sea construido con la fortuna del “Chapo” Guzmán, calculada en alrededor de 14 millones de dólares, añadiendo que su prioridad es garantizar la seguridad de la frontera de Texas con México, donde él fue gobernador. Peregrina ocurrencia que pone de relieve varias cosas. Lo del muro ha llevado a hacer propuestas descabelladas, absurdas, generadas sobre todo entre los republicanos, que implican no solo un desconocimiento elemental de los principios fundamentales del derecho internacional, sino de los derechos humanos, es decir, de lo que es el hombre por naturaleza, por condición propia, habida cuenta de que la fundación constitucional de Estados Unidos se llevó a cabo mediante la consagración y tutela del hombre como inteligencia, espíritu y conciencia.

¿A quién se le ocurre en sus cabales que un dinero en tela de juicio, materia de un proceso criminal, sea confiscado para edificar la muestra palpable de una política oprobiosa, que causa deshonor y ofende derechos primordiales e imprescriptibles? Se le olvida a Ted Cruz, de ascendencia “latina” como dicen los norteamericanos, que la distribución del narcotráfico ha servido para satisfacer el vicio y propiciar la desviación moral de millones de estadunidenses. Así las cosas y de acuerdo con su peregrina ocurrencia, el muro supuestamente hecho para evitar el tránsito de indocumentados y delincuentes mexicanos (“bad” personas) será levantado con dinero de procedencia criminal.

Ahora bien, lo del muro ha despertado la imaginación desbordada y hasta torcida de mucha gente, políticos o no. Incluso empresarios mexicanos han levantado la mano para licitar, ofreciendo sus servicios conforme al llamado de Trump. Por cierto, aquí la Iglesia mexicana tuvo que intervenir, además del Gobierno, para que esos licitadores espontáneos sopesaran las consecuencias de su acción, de plano antipatriótica. Y mientras tanto el hoy ocupante de la Casa Blanca, que por su idea absurda sufre revés tras revés de sus propias autoridades, insiste en lo que de promesa de campaña se ha convertido en capítulo muy importante de su nefasta política con México. Nuestro Gobierno no ha recurrido a los conductos jurídicos y se ha conformado con anunciar que denunciará las irregularidades en el cumplimiento de acuerdos y convenios, por ejemplo en materia comercial. Sostenemos que esto es insuficiente.

Pero ello indica que en uno de sus ángulos, en uno de sus aspectos, lo del muro flaquea y que solo el empecinamiento, la obstinación de Trump, aparte de su enorme difusión, lo mantienen en pie; que no ojalá en clara y abierta construcción. Pero el hecho es claro a mí entender: ante una idea absurda surgen propuestas absurdas, descabelladas, como la de Ted Cruz. Se trata de síntomas, de señales o indicios de una grave descomposición en la opinión pública, sobre todo norteamericana, y de una especie de ir y venir sin razón. Es un desconcierto -que lleva al absurdo- en esa opinión, causado por ideas inconsistentes y cargadas de ira irracional, es la improvisación en la política. ¿Cómo lidiar con eso? ¿Cómo hacerle frente? La irracionalidad, obviamente, casi no deja espacio para razonar y si proviene de un centro de enorme fuerza política y económica, impositiva, la razón prácticamente desaparece. En conclusión, Ted Cruz representa, incluso por su ascendencia “latina”, un enorme peligro, porque las barbaridades se vuelven realidades si logran convencer con su carga de irracionalidad. Y en este sentido, todo es imprevisible con el Gobierno de Trump.

@RaulCarranca

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