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Muro: que le toca al “Chapo”

  • María Antonieta Collins

Hemos escuchado de todo alrededor del muro en la frontera con México. Creía que ya no había más porque los políticos habían agotado todas las opciones más inimaginables e ilógicas incluidas aquellas que se encuentran por encima de la ley.

Pero obviamos que lo que tiene esta administración es ser impredecible y los políticos a su alrededor no se quedan atrás, como lo es el ilegible senador Ted Cruz que ha propuesto que el dinero, -miles de millones de dólares- sean pagados por Joaquín, El Chapo Guzmán.

En su celda de Nueva York, donde difícilmente haya recibido noticias que le hicieran reír, seguramente que escuchar esta le sirvió de medicina para su encierro y que debe haberse carcajeado a más no poder.

Por lo pronto, los abogados de su defensa lo hicieron sorprendidos sabiendo que las cantidades de dinero que le han decomisado, las cuentas que le tienen embargadas pueden ser de millones, pero que no llegarían a los catorce mil millones de dólares que se necesitarían para la magna obra que el presidente Trump precisa, sería una construcción similar a la Gran Muralla China.

Los políticos no dejan de sorprender de ninguna manera y mucho menos cuando hay otras cosas que preocupan.

Preocupa si, que la relación con México sea siempre el blanco de los ataques y que lleva a muchos por las calles a preguntar: “¿qué fue lo que le hicieron en México a Donald Trump que lo ha llevado a ese odio y a repelernos?” otros más: “¿Acaso habrá sido un negocio donde un mexicano le hizo una terrible mala pasada que le hizo perder no solo dinero, sino respeto a las personas y a un país tan vecino como el que ataca cada que tiene oportunidad?

No faltan los cínicos que tienen otra teoría: “Y ¿Qué tal si como Arnold Schwarzenegger cuando gobernador, Trump se enamoró -en este caso- de una mexicana que le robó el corazón y que lo despreció, y que de ahí pudiera surgir esa repulsión que raya en lo insano?”.

Lo cierto es que, en broma, en burla o por lo que sea, duele el trato que recibimos. Se ha convertido en deporte de muchos, encontrar la explicación a las ofensas que se reciben, cuando tradicionalmente, desde Abraham Lincoln y Benito Juárez, es decir, a mediados de mil ochocientos, los dos países, con inmensas diferencias políticas habían trabajado por una buena relación pensando lo que es una realidad: mientras el mundo exista como tal… México y Estados Unidos seguirán compartiendo una frontera de miles de kilómetros y… por tanto seguirán siendo vecinos.

Que sea atractivo pensar que el dinero de El Chapo Guzmán puede pagar la construcción de la inmensa barda entre los dos países, para un rato de chiste está bien, pero pensando en la seriedad que eso representaría, las mentes analíticas de inmediato traen la premisa:

¿Dónde se encontraría depositada semejante cantidad? ¿En Estados Unidos? ¿Acaso ignoran que los cálculos que se hacen de las fortunas salidas del narcotráfico se hacen basándose en los precios de la droga en las calles?

¿De qué manera se ignora que las cantidades de dinero de los grandes capos se logran haciendo las cuentas sobre una proporción de los decomisos que se logran y de las propiedades que tienen intervenidas, más no de dinero contante y sonante? La construcción de la barda entre dos países sigue siendo responsabilidad del que quiera hacerla, no del pobre país vecino al que hay que obligar a pagarla. Desafortunadamente pocos piensan en que se está pensando en soluciones que funcionarían en el siglo diecisiete, para un mundo en pleno siglo XXI…