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Ariane Pellicer actúa en “Noche de Estreno”

  • Teatrikando: benjamín Bernal

Acudimos para disfrutar “Noche de estreno” en el El Galeón, atrás del Auditorio Nacional. El elenco es de primera: Ariane Pellicer, Arturo Ríos, Tina French, Karina Hurtado y Pamela Ruz. Nos recibió una obra extraña, o le faltaba ritmo todavía; en la cafetería, al final, uno de los actores deslizó “con las funciones van a amarrar las escenas” y creemos que sí; quienes vemos mucho teatro, sabemos que dentro de un mes sentiremos todo más fluido. ¿De qué habla? Es una irónica mirada acerca de un montaje y cierta famosa actriz que son víctimas de la decadencia.

Hay otras acciones: una fan esta maravillada con la celebridad, la echan del camerino, sale y es atropellada, casi de inmediato muere; empieza una coexistencia de admiradora/miedos/mente en black out/alcohol/café cargado para que vaya reconstruyéndose el alma de la actriz que interpreta la bella Pellicer, en tanto el ser que encarna Martín Altomaro sufre las eternas repeticiones que se requieren para trabajar una pieza, un plástico blanco es el altar para hacer fotografías de arte (nunca se usa por cierto, solo se transita encima) Antonio Castro tiene un colmillo largo y retorcido para hacer que madure esta idea de John Cassavetes, usted sabe, es un filme de nombre Opening Night, presentado en 1977 al gran público, espero verla otra vez en unas semanas, pues tengo confianza en esta conjunción astral y deseo llegue a la perfección.

ACUDIMOS A una noche de estreno.

ACUDIMOS A una noche de estreno.

“La Última Palabra”

Hasta el sur, en el Helénico, se puede ver este montaje que reúne a un grupo talentoso, Roberto D’amico, Víctor Hugo Martín, Adriana Llabrés y Pablo Perroni, a quienes dirige Angélica Aragón. Luis Agustoni también escribió Lobos: usted recuerda, habla de un grupo de amigos, políticos y empresarios que han llevado a cabo actos ilícitos y están a punto de ser descubiertos, en aquella ocasión estaban Víctor Trujillo, Pedro Armendáriz, Roberto Damico y Rafael Sánchez Navarro, gustó mucho por el deseo que tenemos todo de conocer las entrañas de los que toman dinero público, la obra se ubica en otro país, claro.

En “La última palabra”, el autor nos ubica en una sala donde deliberan jueces a solas, acerca del asesinato de un hombre por su esposa, que había sido víctima de maltrato; ella se separó y ya había iniciado una nueva relación. Estos detalles y varios más, acerca del expediente judicial no son perfectos (porque separado no es divorciado) para la narración del origen y consecuencias: una por una, la gran pregunta ¿Es inocente porque actuó en defensa propia, 12 años o 20 de penalidad? Al estilo de Doce hombres en pugna se van manejando los detalles -quizá con menos impactos que en la que consagró a López Tarso-Blandón, Ripoll, Trujillo et al – pero con buena eficiencia narrativa. Todo el público quedó satisfecho de este trabajo que deseo ver varias veces para disfrutar sus avances. Acerca de la violencia de género que enarbolan: es frágil: ¿si el asesino hubiera sido el marido, también le defendería el autor? –o solo hay un género que tutelar-.