imagotipo

Nación estancada

  • Betty Zanolli

Betty Zanolli Fabila

La descomposición social que enfrenta nuestra nación no comenzó en 2006 cuando el entonces presidente de la República, Felipe Calderón, declaró la “guerra al narcotráfico”. Obviamente sus raíces se hunden décadas atrás. Sin embargo, como nunca antes en su historia, desde entonces y a partir de esa funesta declaratoria, la patria se ha teñido con el rojo de la sangre y con el dolor, miedo e impotencia de todos los que han padecido y sufren la impunidad e injusticia, la prepotencia y corrupción, la inseguridad, extorsión, secuestro, en fin, la criminalidad en todas sus formas, porque en nuestro país el Estado de Derecho se ha resquebrajado. Por eso fue estéril que esa misma administración hubiera promulgado en 2008 reformas constitucionales en materia penal y de seguridad pública y en 2011 de derechos humanos, porque la justicia termina siendo un mito, una quimera excepcionalmente alcanzada.

Ayer, por ejemplo, se realizaron comicios electorales en 14 Estados de la República, comprendida la Ciudad de México -flamante entidad en la que se votó para la integración de lo que será su Asamblea Constituyente-, con los que culminó un proceso turbio, en el que las campañas de los distintos partidos políticos se caracterizaron por nuevos y mayores niveles de enconada violencia, lo mismo a través de descalificaciones y filtraciones telefónicas en las que las distintas facciones políticas en contienda se solazaron en exhibirse unas a otras con saña y vileza, que de robos de boletas y ataques personales, aún de muerte, a candidatos y funcionarios prácticamente en todas las distintas entidades. Paralelamente, la sociedad mexicana se ve enfrentada a diversos conflictos políticos emanados de la implementación de las recientes, retardatarias y anticonstitucionales reformas jurídicas estructurales, que los dos últimos regímenes de Gobierno han promovido y cuyo principal saldo es la afectación flagrante de los derechos humanos. El caso más evidente, permeado de poderosos intereses políticos en pugna, el de la Reforma Educativa. Reforma desnaturalizada porque su esencia, como se ha denunciado una y mil veces, es eminentemente laboral, que no educativa y que hasta el día de hoy ha sido pésimamente conducida y que lejos de poder vislumbrar pronto su resolución, lo único que advertimos es su enrarecimiento cada vez más acusado. Qué decir del acto barbárico del atroz ultraje de la que fueron víctimas seis mentores en el Estado de Chipas. ¿A esto le apuesta la autoridad, a que la propia sociedad se enfrente consigo misma, violentada y azuzada además por su actuar?

Hoy en día advertimos cómo hemos ido evolucionando antiprogresivamente, de forma cada vez más precipitada, desde la impunidad a la justicia por propia mano ante la incapacidad, pero sobre todo la amoralidad de la mayor parte de quienes tienen y han tenido el control político, económico, jurídico y administrativo de México en los tiempos recientes. A ello nos ha conducido una realidad que no puede seguir de la misma forma como se ha venido construyendo, porque de nada sirven los discursos políticos falsamente optimistas si los asesinatos, las desapariciones, el despojo, la violencia prosperan, imbatibles e impunes, cobijados por el silencio, desprecio, indiferencia e inacción de un Gobierno que desoye el clamor estentóreo de un pueblo que está a punto de no resistir más.
bettyzanolli@hotmail.com  / @BettyZanolli