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Nadie puede solo / Blanca Alcalá

  • Blanca Alcalá

Es claro que en el desempeño de cualquier encargo público nadie puede solo. Y menos cuando la pluralidad política es la constante en la vida democrática nacional. Ni la Federación ni los Estados son ajenos a esta circunstancia; las mayorías en los congresos cambian de legislatura a legislatura, por lo que la prudencia y la capacidad de negociación se han vuelto un capital fundamental para el logro de las políticas públicas, aunque se trata de un recurso escaso y de muy difícil manejo para muchos actores políticos.

“No me dejen solo”, fue la petición de Jaime Rodríguez a los ciudadanos el día de la toma de protesta como gobernador. Dice que devolverá la honra al Estado mexicano y habla, sobre todo, de rendición de cuentas, lo que no es nuevo para la ciudadanía, pues todo gobernante, al asumir su cargo, señala que, ahora sí, las cosas serán diferentes. Habrá que dejar la estridencia y dar paso al trabajo y la mesura.

Toda nueva responsabilidad, de suyo, implica un voto de confianza, sustentado en los votos ciudadanos que optaron por una nueva vía: la de un candidato independiente, aunque lo correcto es un candidato sin partido político. Se trata de una situación novedosa cuya historia ha empezado a escribirse en México.

Desde el domingo, Jaime Rodríguez dejo de ser “El Bronco” para convertirse en el gobernador constitucional del Estado libre y soberano de Nuevo León. Y aunque la gente le siga llamando de esa manera, se trata de un gobernador franco y sencillo bajo circunstancias especiales, ya que no cuenta con una estructura política de apoyo en la Legislatura local, lo que constituye un escenario inédito desde el punto de vista de la teoría política.

El hecho es relevante, porque cuando un jefe de Estado o de Gobierno no cuenta con una mayoría que respalde sus propuestas en el Congreso (una situación de gobierno dividido), la oposición no tiene incentivos para negociar y, lo más probable, es que cada iniciativa gubernamental se retrase o se modifique sustantivamente. No es un problema de las personas, sino de las limitaciones estructurales del sistema.

De hecho, la primera decisión del nuevo gobernador, el nombramiento de su coordinador ejecutivo de gabinete, ha sido objeto de un ajuste normativo por parte de los diputados de la entidad, quienes consideran que, al estar por encima de los demás funcionaros de las dependencias, debe contar con la aprobación del Congreso local.

Pero el nuevo gobernador ni siquiera tiene una minoría efectiva que lo respalde en el Congreso. Tendrá portavoces, pero de ninguna manera un grupo parlamentario que incida en los órganos de gobierno de la Cámara local y, muchos menos, que modifique la correlación de mayorías de la Legislatura. A pesar de ello, en principio, los partidos con representación en la Legislatura en Nuevo León le han ofrecido su colaboración al igual que lo hizo, en su momento, el Ejecutivo federal. Sin embargo, sostener que el momento de los partidos ha llegado (a su fin), habla más de un excesivo triunfalismo, que de un diagnóstico razonable sobre la posibilidad de enfrentar los desafíos que tiene el nuevo Gobierno, sobre todo, por los problemas de inseguridad, desempleo y deuda pública, entre otros.

Los partidos políticos han sido calificados, en algún momento, como la mala hierba de las democracias (S. C. Stokes), pero constituyen una vía constitucional legitimada para acceder a los cargos públicos, al igual que las candidaturas independientes a partir de la reforma constitucional aprobada por los partidos políticos en el año de 2012. No obstante, es de señalarse que, en ningún lugar del mundo, las democracias caminan sin partidos.

Pero no solamente eso, además de constituir la base de la organización ciudadana para la participación en las elecciones, los partidos son el elemento clave en la integración del consenso político para la definición de las políticas públicas, elemento sustancial para la gobernabilidad democrática de cualquier entidad federativa. Por ello, es evidente que, desde la instauración de la pluralidad política como la característica de nuestro régimen democrático, nunca como antes, es claro que nadie puede solo.

* Senadora de la República por el Estado de Puebla.