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Nancy Huston, la mirada ajena

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

Las escritoras llegan a la literatura por diversos caminos, para Nancy Huston fueron las cartas recibidos de su madre. Cartas muy frecuentes convirtieron a su madre en letras, muchas letras, signos que ella aprendió a convertir en emociones. Sentirse abandonada por quien naturalmente debía estar con ella la llevó a escribir novelas donde las niñas y los niños expresan el daño ocasionado por carecer de una madre cercana físicamente, no a través de múltiples misivas.
Novelista y ensayista

Además de dramaturga, música, guionista y actriz, a Nancy Huston le gusta incomodar con sus libros. Perturba conciencias para invitar a reflexión sobre temas tan sensibles como la infancia, en particular la infancia solitaria. La mujer y la maternidad también son asuntos sumamente importantes para ella, tanto como para ser los tópicos siempre presentes en su narrativa y ensayo. Le gusta mirar al hombre y a la mujer en sus interacciones, sus alejamientos y los productos de esa momentánea vinculación. Cree que somos tan determinados biológicamente como nuestros parientes, los primates: ellos pura hormona, nosotras espacios recipientes para la preservación de nuestra especie. Leerla, definitivamente, sí incomoda porque critica con fino bisturí un aspecto poco atendido por las feministas como ella: la coquetería. Lo que hacen y hacemos tantas mujeres para atraer la mirada deseada.
Reflejos en el ojo de un hombre

Hoy se da por sentado que todas las diferencias entre hombres y mujeres son el resultado de construcciones sociales. Sin embargo, los seres humanos están programados para reproducirse como el resto de los mamíferos, donde la seducción y la coquetería juegan un papel esencial. A partir de esta constatación simple pero convertida en anatema, Nancy Huston explora las tensiones introducidas en la sexualidad en los países occidentales por dos fenómenos contemporáneos: la fotografía y el feminismo. Es éste un libro sensible y de gran actualidad, poderoso y brillantemente perturbador en el que, a partir de su propia experiencia y la de los hombres y mujeres que la rodean, Nancy Huston pone en evidencia las contradicciones de nuestra sociedad, la cual, mientras niega tranquilamente la diferencia entre los sexos, la exacerba a través de las industrias de la belleza y de la pornografía.
¿Cuestión de amor propio?

Quién sabe, yo digo que no; a las mujeres se nos obliga por todos los medios a sacrificar lo que sea para permanecer jóvenes, guapas y, lo más importante, recipientes fértiles y sanos para asegurar una descendencia digna del donante de ADN. Huston afirma: “Las feministas siempre han considerado que las mujeres son “obligadas” por el hombre a ponerse guapas, y eso les parece mal. Pero la coquetería y la seducción son universales. Actúan como motor de la reproducción, y el 80% de las mujeres que nacen tienen hijos. No sirve de nada negarlo. La igualdad está muy bien, pero para conseguirla es necesario saber que hombres y mujeres parten de lugares distintos, y que mientras nosotros negamos esas diferencias, el capitalismo las exacerba con toda tranquilidad”. Asimismo, Nancy Huston acepta con en este ensayo a las mujeres que desean “libremente” la maternidad, siempre y cuando analicen los porqués del destino impuesto al 51 por ciento de la humanidad. Cree en una esclavitud invisible, en ocasiones sutil, casi amable pero cuyos grilletes pueden convertirse en auténticas marcas de esclavitud. Basta ver lo que se hace para lograr concebir y llevar a término una gestación. Leerla no es siempre agradable, es más, al estar leyendo “Reflejos en el ojo de un hombre” me sentí más primate que integrante de la especie humana.
Destino predeterminado

También afirma Huston, “La mujer es el origen del mundo, y el hombre siempre ha tendido a reglamentar su derecho de posesión sobre la mujer. Pero con la llegada de la fotografía y el cine la relación cambió de una forma espectacular. Las mujeres comenzaron a querer ser como las actrices de las películas y las modelos, a querer tener ropa bonita y a estar guapas, y el capitalismo aprovechó para desarrollar varias industrias millonarias: la de la belleza y la moda, la de las dietas, los fármacos y la cirugía estética, y, sobre todo, las de la pornografía y la prostitución. Todo eso ha aumentado la vulnerabilidad del hombre ante la visión de una mujer bella, creando millones de adictos al sexo, y ha llevado a las mujeres a querer ser cada vez más guapas durante más tiempo, o a intentarlo al menos, maquillándose, operándose, rehaciéndose hasta el infinito”. Piénsalo. Nada más dime ¿te animarías, voluntariamente, a subvertir el “orden cultural”, esto es, a prescindir de todo lo que se hace una “mujer mexicana atractiva”? ¿Dejarías los implementos de belleza más elementales como la ropa, las cremas, perfumes, accesorios y joyería sólo por comprobar cuánto se te puedes servir de tu “belleza natural”? Nadie se animaría a poner a prueba la tesis de Huston. Creo. Viene entonces, la siguiente pregunta… ¿cuánta libertad (capacidad de autodeterminación) tenemos hoy tú o yo?

No dejes de comprar y leer este libro, bastante incómodo pero tan revelador, pídelo por su sello: Galaxia Gutenberg, tiene un precio de 315 pesos.