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Napito, ¡ouch! / Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Correspondió a Javier Lozano iniciar la cacería aunque no tuvo tino para alcanzar la presa. Sin embargo, después de 9 años, encuentra uno con que Napoleón Gómez Urrutia se pasa de tueste, como dirían las abuelas. Subrepticiamente, porque nadie se enteró de su petición de amparo, solicitó ser “indemnizado por daño moral, porque la STyPS difundió información que afectó mi honra y dignidad”.

¡Santa inmoralidad! Eso es lo que seguramente exclamaron los ministros de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al negar la protección de la justicia a favor del, dice, líder del Sindicato de Mineros, cargo que le heredó su padre, Napoleón Gómez Sada.

Es verdad que hasta el momento nadie ha podido comprobar que Napito se haya embolsado los 55 millones de dólares de la liquidación de una de las más poderosas mineras que trabajan en el país; cierto que la Secretaría de Trabajo le negó la toma de nota en sus dos reelecciones, porque el “representante obrero” vive en Vancouver, Canadá, desde hace justamente 9 años y lo hace, por cierto, a cuerpo de rey. Nadie sabe cómo paga sus lujos aunque se sospecha que es con las cuotas de los mineros activos.

¿Cómo se difama a quien según la dependencia del Trabajo se encuentra prófugo, no demuestra ser trabajador de plana en el gremio y es acusado de malos manejos en su función?

Causa extrañeza la inacción de la justicia, tanto la mexicana como la canadiense. Se presume que hay costales de pruebas en su contra y las denuncias han sido ratificadas una y otra vez. ¿Será que el fantasma de su padre aún lo protege?

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