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Negación de la negación republicana del cambio climático / Paul Krugman

  • Paul Krugman

Historiadores en el futuro -si hay historiadores en el futuro- casi seguramente dirán que el aspecto de mayor importancia ocurriendo en el mundo durante diciembre de 2015 fue las pláticas del clima en París. Cierto, nada de lo que se acuerde en París será suficiente, en sí, para resolver el problema del calentamiento mundial. Sin embargo, las pláticas pudieran marcar un punto de inflexión, el comienzo del tipo de acción internacional que se necesita para evitar una catástrofe.

Pero, hay que considerar, pudiera no ser así; quizá estemos condenados. Y si lo estamos, usted sabe quién será el responsable: el Partido Republicano.

De acuerdo, conozco la reacción de muchos lectores: ¡Qué partidista! ¡Qué exagerado! Sin embargo, lo que dije es, de hecho, la obvia verdad. Además, la incapacidad de nuestros medios informativos, nuestros expertos y nuestra cúpula política en general para enfrentar esa verdad es un importante factor que contribuye al peligro que nosotros encaramos.

Cualquiera que siga los debates políticos de Estados Unidos sobre el ambiente sabe que políticos republicanos se oponen abrumadoramente a cualquier acción para limitar emisiones de gases de invernadero, y que la gran mayoría rechaza el consenso científico con respecto al cambio climático. El año pasado, PolitiFact solo pudo encontrar a ocho republicanos en el Congreso, de 278 en la delegación, que habían hecho comentarios oficiales aceptando la realidad del calentamiento global causado por el humano. Además, la mayoría de los contendientes por la nominación presidencial de los republicanos están sólidamente en el grupo opuesto a la ciencia.

Sin embargo, de lo que la gente pudiera no percatarse es de cuán extraordinario es el muro de negación del Partido Republicano, o GOP, tanto en el contexto de Estados Unidos como sobre el escenario global.

A menudo oigo a personas alegando que la izquierda estadounidense es justamente tan mala como la derecha con respecto a temas científicos, citando, digamos, la histeria en torno a un alimento modificado genéticamente o energía nuclear. Pero incluso si se cree que ese tipo de opiniones son realmente comparables con la negación del clima (que no lo son), son opiniones albergadas por solo algunas personas de la izquierda, no ortodoxias aplicadas a un partido entero por lo que incluso mi conservador colega David Brooks llama la “policía del pensamiento”.

Además, la ortodoxia de la negación climática no solo dice que el consenso científico está equivocado. Prominentes miembros republicanos del Congreso suelen complacerse en locas teorías de conspiración, alegando que toda la evidencia para el cambio climático es el producto de un gigantesco fraude perpetrado por miles de científicos por todo el mundo. Además, hacen todo lo que pueden por acosar e intimidar a científicos individuales.

De cierta forma, esto forma parte de una larga tradición: el famoso ensayo de Richard Hofstadter: “El estilo paranoide en la política estadounidense”, fue publicado hace medio siglo. Pero es algo nuevo ver que ese estilo tome el control total de uno de nuestros dos principales partidos.

Es también algo sin contraparte en el extranjero.

Es cierto que partidos conservadores a lo largo de Occidente tienden a ser menos favorables a la acción sobre el clima que partidos a su izquierda. Pero, en la mayoría de los países -de hecho, en todas partes con la excepción de Estados Unidos y Australia-, estos partidos apoyan pese a todo medidas para limitar emisiones. Además, los republicanos estadounidenses son únicos en que se niegan a aceptar la sola existencia de un problema. Para mala fortuna, dada la importancia de Estados Unidos, el extremismo de un partido en un país tiene enormes implicaciones mundiales.

Entonces, por derechos, la elección de 2016 debería verse como un referendo sobre ese extremismo. Sin embargo, probablemente no se informará al respecto de esa manera. Lo cual me lleva a lo que pudiera llamarse el problema de la negación de la negación del clima.

Una parte de esta negación viene de republicanos moderados, quienes aún existen, solo que no en un cargo de elección popular. Estos moderados pudieran reconocer que su partido ha salido del extremo profundo con respecto al cambio climático, pero tienden a argumentar que eso no durará, que el partido empezará a hablar con sentido en cualquier momento ya. (Y encontrarán, por supuesto, razones para apoyar a cualquier negador del clima que el GOP nomine para presidente.)

Todo lo que sabemos sobre el proceso que llevó a los republicanos a este punto dice que esto es fantasía pura. Sin embargo, es una fantasía que opacará la percepción popular.

Probablemente revista mayor importancia la negación inherente en las convenciones del periodismo político, las cuales dicen que siempre se debe presentar a los partidos como simétricos; que cualquier informe sobre posiciones extremas asumidas por una de las partes debe ser enmarcado de forma que las haga sonar como si ambas partes lo hicieran. Vimos esto con respecto a temas del presupuesto, donde algunos autoproclamados comentaristas centristas, mientras criticaban a republicanos por su absoluta negativa a considerar aumentos de impuestos, también se esforzaron por criticar al Presidente Barack Obama por oponerse a recortes al gasto que él efectivamente apoyó. Supongo que las disputas del clima recibirán el mismo tratamiento.

Sin embargo, abrigo la esperanza de estar equivocado, y exhortaría a todos fuera de la burbuja de negación del clima que reconozcan con franqueza la asombrosa y aterradora realidad. Estamos ante un partido que le ha dado la espalda a la ciencia en momentos en que hacerlo pone en riesgo el futuro mismo de la civilización. Esa es la verdad, y necesita ser enfrentada de lleno.