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Negociar con el imperio II

  • Eduardo Andrade

  • Dr. Eduardo Andrade Sánchez

Cándido Aguilar, quien había nacido en una congregación cercana a Córdoba en 1889 y cursó hasta el quinto año de primaria, alcanzó el grado de general durante la lucha revolucionaria a la que se lanzó inspirado por las ideas de Madero y después se unió a la causa constitucionalista iniciada por Carranza contra la usurpación de Huerta. El general, Aguilar, fue nombrado por don Venustiano, secretario de relaciones exteriores cuando apenas tenía 27 años de edad. Dicho nombramiento ocurrió en una coyuntura altamente peligrosa para los intereses del país, pocos días después de la incursión de Pancho Villa sobre la localidad de Columbus, la cual había motivado el ingreso al territorio nacional de la denominada “expedición punitiva” al mando de Pershing que tenía el propósito de capturar a Villa pero que significaba una violación a la soberanía mexicana.

La designación de un personaje sin antecedentes en el mundo diplomático y con escasa preparación académica, solo tenía una explicación posible y ésta era la firme actitud que mantuvo Cándido Aguilar frente a la amenaza formulada por el almirante, Fletcher.

En efecto, a fines de 1913 Aguilar intentaba establecer el dominio de las fuerzas constitucionalistas en la zona norte de Veracruz y la presencia de sus tropas revolucionarias causaba inquietud entre los estadunidenses que dominaban la extracción del petróleo en esa región. Con tal motivo el almirante, Fletcher, cuya escuadra protegía los intereses petroleros foráneos, conminó a Aguilar a retirar sus tropas de la zona. Éste le respondió que su presencia tenía por objeto garantizar la tranquilidad de la sociedad, así como preservar la seguridad de todos, incluyendo a los estadunidenses ahí radicados y la actividad de extracción petrolífera. Aún así el almirante, Fletcher, amenazó con desembarcar militares a su mando si Aguilar no retiraba sus soldados. La respuesta del general mexicano fue lapidaria indicándole a Fletcher que si se atrevía a desembarcar a sus efectivos, inmediatamente procedería a quemar todos los pozos petroleros y a pasar por las armas a los estadunidenses ubicados en ese lugar. Ante la contundencia de esa reacción, el embajador norteamericano en México y el gerente de la compañía petrolera El Águila, aconsejaron a Fletcher evitar cualquier conflicto y no realizar ningún desembarco.

El nombramiento de Aguilar significaba colocar a un “duro” en la posición de enfrentar la presión militar y diplomática de la potencia del norte. El veracruzano tomó posesión en condiciones complejas. Su antecesor, de apellido Acuña, había enviado una nota a los estadunidenses refiriéndose a antiguos acuerdos que permitían el acceso de tropas de uno y otro país para perseguir a bandas de delincuentes que hubieran incursionado en el territorio vecino, acuerdos que podrían actualizarse en caso de un nuevo incidente como la agresión efectuada por Villa en Columbus; pero el Gobierno estadunidense se apresuró a dar por sentado que México aprobaba el ingreso de la columna de Pershing. El nuevo secretario tuvo rápidamente que corregir la posición mexicana, haciendo notar que de ningún modo se aceptaba el hecho consumado de haber ingresado al país con base en una propuesta que tenía por objeto regular situaciones futuras y no justificar la violación a la soberanía. Dicha aceptación jamás se reconoció por la diplomacia  del Gobierno constitucionalista a cargo de Aguilar, quien con astucia y paciencia consiguió finalmente la salida de la expedición de Pershing.

eduardoandrade1948@gmail.com