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Negociar… ¿Hasta dónde?

  • Alejandro Díaz

Alejandro Díaz

Es de celebrar la decisión de dialogar que tomaron tanto el Gobierno federal como los dirigentes de la CNTE. A pesar de que los halcones de ambos lados urjan a la acción, el dedicarle tiempo y atención a negociar puede llevar a encontrar una mejor solución, y además, pacífica. Pero atención: al tiempo que se abre esta posibilidad, también puede que un bando, o los dos, busquen llegar al conflicto mejor preparados.

Recordemos que en 1938 el primer ministro británico, Chamberlain, viajó hasta Múnich para intentar negociar la paz. Hitler había ya anexado Austria al Cuarto Reich e intentaba también incluir los territorios de habla alemana en Checoslovaquia, amenazando expandirse más. Gran Bretaña no deseaba ir a la guerra a pesar de haber firmado una alianza con Francia y Polonia; por ello Chamberlain intentó un arreglo pacífico.

Después de la negociación volvió a Londres festinando la paz lograda, “una paz con honor” dijo al tiempo de dar a conocer que había concedido a Hitler no solo el derecho de anexarse dichos territorios sino convertir a Checoslovaquia en protectorado alemán. Solo Churchill levantó la voz para denunciar la concesión y sugirió prepararse para la guerra.

Un año más tarde, la invasión alemana a Polonia mostró la verdadera cara de Hitler y el error de negociar con quien solo quería ganar tiempo. La Segunda Guerra Mundial llevó a renunciar a Chamberlain, y los acuerdos de Múnich de 1938 pasaron a la historia como uno de los más fatídicos acuerdos, por creer en promesas que jamás serían cumplidas.

En la actual negociación entre Gobernación y la CNTE, ambas partes dicen estar obligadas a poner sobre la mesa sus respectivas posiciones y a actuar con verdad; falta que permitan verificarlas. Los negociadores deben mostrar buena voluntad y buscar de buena fe un acuerdo, pero al mismo tiempo, asegurarse que prive la misma buena voluntad con quienes negocian y que no se oculten otras intenciones. Deben ser transparentes, pero siempre cuidando que la malicia del otro puede estar presente.

Es evidente que ambas partes se preparan para actuar por si falla la negociación y se decide levantar los bloqueos carreteros. Solo si el Gobierno procede con astucia y cuidado, buscando proteger la vida y los derechos humanos cuando utilice la fuerza pública para hacer cumplir la ley, podrá decir que la razón está de su parte. Si por el contrario, o no logra desalojarlos o suceden bajas en un baño de sangre, habrá perdido la batalla, pues se multiplicarán demostraciones y bloqueos. El Gobierno llega a la negociación con muy baja aceptación popular. Si no logra una buena negociación podría enfrentar la multiplicación del problema magisterial.

Hay una tercera posibilidad que no debiera suceder aunque sea a la que nos han acostumbrado: que el Gobierno perdone a los que han cometido crímenes, premie a los dirigentes y acuerde un galimatías que permita a éstos seguir usufructuando sus posiciones y que la Reforma Educativa se aplique a medias en el sur del país. Sería la peor solución posible.
daaiadpd@hotmail.com