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Nellie Campobello, en la voz de Susana Salazar | Bazar de la cultura | Juan Amael Vizzuett Olvera

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

Éstas casi crónicas nos hablan de los integrantes de esta guerra que nunca fueron reconocidos, que nunca fueron famosos, que no tienen estatuas ni monumentos, pero que como sabemos son los que realmente hacen las luchas, son los que las ganan y los que las pierden. Nellie trató de hablar de ellos y eso creo que fue lo que nos comunicó”, dice Susana Salazar sobre la obra que compone “Nellie Campobello. La niña de la Revolución”.

“Ese poema, ‘Yo’, por Francisca, la dibuja como persona, como mujer que le tocó vivir todo esto”, dice Salazar, quien también recuerda a Campobello “como iniciadora de la danza de masas, como gran defensora de la cultura y de la danza folklórica mexicanas, como rescatadora de la danza del venado y la danza de la pluma, como promotora”.

– Tierra de gente estoica

La identificación entre la actriz y la autora es innegable: “El ser norteñas, y el ser también un poco bruscas, un poco altisonantes, pero fuertes al mismo tiempo, como dice ella en ‘Las mujeres del norte’. Hay esas similitudes de carácter, y aparte de lugar, de tierra. Nellie era de Durango, yo soy de Torreón. Entonces, cuando yo leí estos textos, cuando Nellie habla de su madre como una mujer estoica, fuerte, que vivió todas estas situaciones, abusos físicos de todo tipo, por parte de la guerra y de las dos facciones, vi que se necesitaba ser muy fuerte, como estas mujeres lo eran. Y yo me siento muy junto a estas mujeres que han sufrido. Mi abuela decía que en el desierto había que sacarles sangre a las piedras, que no era como en las zonas de selva, donde se estira la mano y se toma un mango, un pescado; allá había que correr kilómetros para tener agua, para tener comida.

Así sucede en el relato de las sandías: los villistas necesitaban agua, no había. Y había que asaltar un tren que llevaba agua azucarada. Bien envuelta”.

“Las sandías” inspiró la portada del disco, un diseño de Rafael López Castro: “Porque además el relato de las sandías es el único alegre en todo el libro de ‘Cartucho’. Es el único que es un poco festivo, por eso lo usé para cerrar, y por eso también Rafa puso a este Pancho Villa sonriente”, explica la actriz.

La artista recuerda que tanto la propia Nellie Campobello como otros autores relatan que Villa lloraba mucho. Se conserva una secuencia fílmica en la que el Centauro llora en la tumba de Madero. “Le daba mucho por llorar, en contraste, López castro lo puso sonriente, con su rebanada de sandía. A mí me gusta más el rasgo de que siendo un hombre tan duro, fuera al mismo tiempo tan sensible”.

El disco se enriquece con retazos de canciones populares. “Son chispazos musicales, como puentes que se tienden entre un relato y el otro, pero casi todo el material se tomó de ‘Cantos ferrocarrileros’, un álbum que grabó Óscar Chávez y que él tuvo a bien dejarme usar para este proyecto. Contiene también los sonidos de las locomotoras, porque las locomotoras tenían sus nombres. Poca gente sabe, sobre el son de ‘La Negra’, que ‘La Negra’ era una locomotora, y esto del comienzo ‘ta-ta-ra-ta-ra-ta-ra-ta’ es el sonido de la máquina cuando comienza a andar. Mucha gente vivió engañada creyendo que se refería a una morenaza. Sí era una morenaza, pero era una locomotora que recorría el norte”.

– Infancia de relatos

En una época en que la identidad se desvanece, la literatura puede reanimar el sentimiento de pertenencia, opina Susana Salazar: “Definitivamente la intención es acercarnos a nuestra propia historia con estos autores que hicieron unos trabajos tan entrañables, pero justamente, salirnos de la oficialidad. Como niña lo padecí también, memorizarnos fechas no nos acercaba a nuestra historia. A mí me tocó todavía, como generación, juntarme con los niños de mi cuadra a contar historias. De espantos, de lo que fuera. Mucho de lo que contábamos debajo de un farol, de un arbotante, el único que había en el barrio donde vivíamos, era lo que habíamos escuchado de nuestros padres, de nuestros abuelos, porque muchos veníamos de provincia, donde hay más esa tradición oral. Al conocer estos textos, de pronto recordé que mucho de lo que compartíamos aquellos niños, como las leyendas de la Colonia, eran historias que nos habían heredado y que se han perdido ahora. Parte de la intención de hacer este material es justamente —por medio de la literatura, porque los escritores han tenido ese cuidado— hablar de todo esto que nos pertenece como parte de un pueblo, nuestras tradiciones, hábitos, costumbres, gustos, historias, pero de una forma real, lo más humana. Que nos toque, que sintamos que nos pertenece esa historia, que nos pertenecen esos sentimientos, y que no son una serie de datos, de documentos acumulados en nuestra memoria y metidos con calzador, sino que disfrutemos todo eso que es parte de nuestro inconsciente colectivo”.

SUSANA SALAZAR cree mucho en la lectura en voz alta.

SUSANA SALAZAR cree mucho en la lectura en voz alta.

Susana Salazar afirma que las obras de Campobello, Arreola, Tablada y Efrén Hernández, son nuestra mexicanidad, nuestro ser humano como mexicanos: “Pero nos vamos perdiendo, se han ido diluyendo, y ya casi nadie tiene acceso. Los jóvenes no saben que existieron y nadie extraña lo que no ha tenido. La idea es justamente proporcionarlo, en la medida de lo posible, pero hacerlo amable, no como una obligación. No como algo que nos sea ajeno, sino como algo que realmente llevemos en la mente, en el corazón.

“No intento rescatar a nadie, porque ellos tienen su propio valor, ahí están. Al contrario, a quienes intento rescatar es a nosotros, a los de a pie como se dice ahora, a los de afuera. Toda esa historia nos pertenece a todos, no nada más a los políticos, o no nada más a quienes lo escriben, sino a los que escuchamos a los que andamos por la vida”.

– La voz de las abuelas

Esta necesidad se nutrió de la propia experiencia infantil de la entrevistada: “Como niña fui muy curiosa. Me encantaba saber de todo: yo me sentaba con mi abuela y estaba con la boca abierta. Mi tía Petra, su hermana, se sentaba en una sillita pequeña, tejida, de palma. Fumaba cigarros “Faros”, tenía la boca toda alrededor café, y los dedos de la mano cafés. Mi abuela nunca fumó, pero mi tía Petra sí. Ella no hablaba nada, era muy hosca. Pero se sentaba a escuchar lo que contaba mi abuela. Y yo le decía: ‘Oye, abuela, ¡cuéntame! ¿Tú conociste a Pancho Villa?’ Y de pronto, mi encuentro con Nellie fue un regalo para esa niña que nunca me va a dejar, para esa curiosidad infantil, para los niños que no dejamos de ser, y para los niños de ahora. Además tenemos derecho a conocer nuestra historia, nuestra literatura de una forma natural”.

Susana Salazar ha llevado las lecturas a la Feria del Libro de la Raza, en Los Ángeles. Informa que en Estados Unidos hay más de treinta libros escritos sobre Nellie y su obra. En Inglaterra hay unos siete libros sobre ella: “En México poca gente sabe que ella escribió de la Revolución antes que Rulfo, que Elena Garro”.

“Nellie Campobello, la niña de la Revolución” es una voz que acompaña: “Se puede ir manejando, se puede estar lavando, hacer lo que sea, y cultivarse. No creo en el audiolibro como tal, pero sí creo en grabar textos literarios, no con neutralidad, con todo el respeto y con toda blancura, no tratando de conducir a la persona, sino que cada quien tome lo que desee del texto literario. He hecho mucha radio comunitaria, y sigo creyendo en la lectura en voz alta, he hecho mucho tiempo lecturas en voz alta, y sí tiene un efecto, a la gente le gusta escuchar. Le gusta mucho más de lo que cree, pero no les dan continuidad a los programas de lectura en voz alta”, acota la entrevistada.

Y añade con amable enjundia: “Eso sí es una protesta. Creo que debieran hacerse selecciones de títulos y de autores que son importantes para nosotros, como Nellie, como Arreola, Felipe Garrido, Tablada, Pacheco, Francisco Hinojosa, de quien soy muy admiradora, es un gran escritor. Y lo que veo es que la mayoría de la gente no sabe quiénes son, porque los programas de lectura se limitan a los autores que están de moda, y se va olvidando a todos estos autores tan completos, y que además están totalmente vigentes. No porque hayan escrito hace sesenta, ochenta años, son aburridos, al contrario. Y además rescatan el buen español. A base de escucharlos nos podemos educar. Y ni siquiera hay que dejar nuestras actividades. Solamente reaprender a escuchar, y de pronto nos damos cuenta que ya llevamos veinte libros en el año”.

– Evocaciones y planes

“En la vecindad donde vivía —soy de extracción profundamente popular— había unas historietas que se llamaban ‘Epopeya’, ‘Historias de la vida real’, ‘Fantomas’ que me encantaba, incluso los de Rius, que a mi papá le gustaban ‘Los Supermachos’ y ‘Los agachados’. Yo los leía con avidez. Y luego ‘tlaqueba’ a los niños de la vecindad y les leía, desde que tenía doce o trece años. Y sí me di cuenta, por toda mi experiencia personal, que a la gente le gusta mucho escuchar”, rememora la actriz norteña.

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