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Nellie Campobello en la voz de Susana Salazar / Bazar de la Cultura / Juan Amael Vizzuet Olvera

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

(Primera de dos partes)

“A la gente le gusta mucho escuchar. Le gusta mucho más de lo que cree”, dice la actriz coahuilense Susana Salazar, quien espera que pronto pueda ofrecer una nueva edición de su disco “Nellie Campobello la niña de la Revolución, relatos de la guerra en el norte de México”, que contiene 19 textos extraídos del libro “Cartucho”: “Son puras narraciones sobre la Revolución, de esta gran escritora que fue Nellie Campobello”.

La trayectoria de Susana Salazar abarca todas las expresiones: teatro, cine, radio, lectura en voz alta. Recientemente logró un triunfo internacional como protagonista de la película “Workers” (México-Alemania, 2013), de José Luis Valle, premiada como la mejor producción en el Festival de Morelia, con seis candidaturas para el Ariel y ganadora absoluta en Huelva, España.

Con frecuencia se refiere a la autora de “Cartucho” y “Las manos de mamá” por su primer nombre, con todo derecho. Son muchos años de cercanía con la escritora duranguense, con su vida y su legado. Una entrevista con Susana Salazar es un manantial de anécdotas y reflexiones que vale la pena presentar en dos partes.
– Mujeres del Norte

“Nellie Campobello fue una de las primeras mujeres que escribieron sobre la Revolución, porque le tocó vivirla justamente en su infancia; según esto, Nellie nació en 1900, así que la guerra de la Revolución que ella vivió junto a sus hermanos y sobre todo a su madre, a quien ella admiraba tanto, le dio experiencias que ella conoció de primera mano, y justamente ése es el contenido de cada uno de los relatos”, dice Susana Salazar.

Cuando se le comenta que la forma en que se vivió la Revolución en el norte, particularmente en Chihuahua, es aún casi desconocida en el centro de la república, la artista coincide: “Claro, así es, y de hecho es un poco extraño; se habla de las revoluciones de México, porque se dieron en diferentes zonas, pero la principal, la más fuerte, la cruenta lucha por la Revolución, realmente se libró en el norte de México, en Durango, Coahuila, Zacatecas, del centro hacia arriba”.

Tras reflexionar unos instantes, Susana Salazar prosigue: “Han corrido muchas versiones, pero poco a poco se va quedando en la colada lo que es cierto, gracias a la investigación de historiadores como Javier Gargiadiego, a quien respeto mucho, y a que ellos tratan de ser muy claros y muy honestos como historiadores, no tanto de tener un punto de vista personal, sino más bien basarse en la historia. Así que volvemos a Chihuahua, ahí es donde se dieron las luchas más fuertes de la Revolución, y en gran parte es lo que abarca la escritura de Nellie, que como fue de primera mano, ella no habla tanto de los personajes escritos, de los personajes famosos, salvo en el caso de Villa, de Martín López o Pablo López, que fueron de los colaboradores más allegados a Pancho Villa y que en realidad, independientemente de la idea que cada quien pueda tener sobre su persona y su personalidad, sí fue él uno de los verdaderos luchadores de la Revolución”.

Las mujeres actúan, hablan, luchan, quieren y padecen junto con los hombres a lo largo de las narraciones: “Abro con un poema que se llama ‘yo’, por Francisca, el único poema que está incluido en el disco. El primer relato se titula “Las mujeres del Norte”, ése es el nombre, y justamente habla de estas mujeres apoyadoras, solidarias, pilares de estos guerreros que sufrían, que sufrían hambres, que vivían en el monte, que eran apoyados por este tipo de mujeres, como la mamá de Nellie; que pasaban los guerreros por los poblados y ellas los apoyaban con comida, con asistencia, de primeros auxilios y de apoyo moral también, por supuesto. Que ellos supieran que podían llegar a algún sitio y generalmente, como los hombres estaban luchando, quienes se encargaban de todas esas tareas, desde el apoyo moral hasta el sostenimiento físico, y a veces incluso económico, eran las mujeres, por eso escogí ese relato”.
– La historia desde abajo

Detrás del frente de combate, la gente padece también la guerra ¿Los relatos de Nellie Campobello son, entre otras cosas, una crónica de la guerra desde la retaguardia? Susana Salazar comenta: “Así es porque nosotros sabemos lo que es la condición humana, así que el hecho de pertenecer a una facción revolucionaria o idealista, no significaba que cada uno que se adhiriera a un movimiento era totalmente confiable; o como todos lo sabemos, de pronto podía haber maleantes que podían entrar a saquear gritando el nombre de Pancho Villa y ni siquiera lo conocían. Se prestaba también para mucha falacia, o saqueos, pero no quiere decir que toda la gente que saqueaba o que fura violenta, fuera de Pancho Villa.

“Nellie Campobello la niña de la Revolución, relatos de la guerra en el norte de México” puede escucharse en una sesión, o historia por historia, porque cada una es tan vigorosa, que pide su tiempo para asimilar la experiencia emotiva y literaria; se puede volver a oír cómo se relee un libro impreso. Susana Salazar menciona algunos de los episodios: “Los otros relatos que componen el disco, son ‘El Kirilí’, ‘Él’, que se llama ‘Cartucho’, de ahí viene el nombre del libro; ‘Nacha Ceniceros’, ‘Gente de tropa’, ‘Cuatro soldados sin 30-30’, ‘Las tarjetas de Martín López’… Me gustan todos, todos. Esta selección se basa en escuchar y escuchar, en leer y leer este libro. Pero también traté de que fueran los menos sangrientos, porque las descripciones de Nellie son muy puras, mucho muy puras. Entonces hay relatos realmente muy dolorosos”.

Esta selección tiene el propósito de que sea una obra para todos los públicos: “Como mi intención al grabar este disco era también motivar a los niños de primaria y jóvenes de secundaria, a que se interesaran por otro punto de vista, que no fuera nada más el oficial, sobre la Revolución y sobre autores como Nellie. Picarles la curiosidad para que quisieran abordar otros temas, o los mismos temas, pero desde otros puntos de vista, como en el caso de Nellie”.

¿Cómo se trata de la visión de una niña, puede crearse empatía con los lectores bisoños? “En realidad, yo le puse ‘La niña de la Revolución’ porque quise darle ese tono, pero sí lo contiene de alguna manera; una adolescente más bien, casi todas las memorias pertenecen a su adolescencia, pero a final de cuentas era una niña, adolescente de trece, catorce años, era una niña a quien le tocó vivir cosas muy duras, que acompañaba a su madre acompañaba a sus hermanos, acompañaba a toda la gente que vivía esto. Ella nos lo cuenta desde esa blancura. A pesar de que habla de los asesinatos, muertes, de toda aquella violencia, logra ese tono tan carente de malicia, como es la visión de un niño. También la selección de los relatos está basada en eso, en aquello que suene mucho más natural a pesar de ser tan cruento”.
– Infancias de la sierra

Susana Salazar atesora las memorias familiares ligadas a la lucha revolucionaria. En su interpretación recupera la voz de otras generaciones: “Mi abuela era contemporánea de Nellie, era de Zacatecas, le tocó la toma de Zacatecas. Cuando yo era niña y la iba a ver en la ranchería donde vivía ella, mi abuela me contaba pasajes, no los dolorosos, de los dolorosos me enteré después, por otras personas, pero sí las aventuras tremendas que vivieron ella, su familia y toda la gente de esa zona. Entonces, más que nada, es esta voz pausada, esta forma de hablar que tienen estas personas de provincia de la sierra. Mi abuela era de un lugar que se llama la Sierra de los Cardos, allá en Zacatecas. Tienen una forma de hablar muy linda. Y yo traté de retomar justamente esa forma de contar que está libre de florituras, de adornos, y me atrevo a decir hasta de falsedades, de falsos tonos. No creo que deba uno que estar ‘garigoleando’ por así decirlo, la narración para que ésta resulte interesante. El verdadero valor radica en la historia que se cuenta, y en este caso, tan bien contada como lo hacía Nellie. Traté de respetar el texto, y lo seguiré haciendo con otros trabajos, porque lo que vale en realidad es el texto. Tiene una propia voz el texto, sobre todo en este caso que es la voz de una niña, pues solamente hay que darle ese tono, y por fortuna, como actriz lo puedo hacer. Y por eso quise hacerlo así, con la mayor neutralidad, pero no carente ni de emoción ni de sentimiento. A veces tendemos a creer —ese es un punto de vista muy personal—que exagerar las cosas las vuelve más interesantes, pero no es así”.

La actriz se aleja así de los efectismos y los estereotipos: “Ésa fue la intención, porque estuve trabajando en un programa de radio que se llamó ‘La piel de asfalto’ y lo que le aprendí a su directora, Guadalupe Sánchez, fue justamente que hay que ser ciertos, no falsear nada, y en el caso de la literatura, con mayor razón. Es como en el caso de antes en el teatro, que se usaba un traspunte, por si se nos iban las líneas; un traspunte nunca debía de dar un tono, porque eso lo hacía el actor. En este caso el texto tiene su propio valor. Los textos literarios son como una pauta musical: esa coma, ese acento, ese punto y coma, esos suspensivos, tienen un valor, un ritmo y una musicalidad. No hace falta falsearlos. Para mi gusto, la palabra sería falsearlos.