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Ni tan bueno ni tan malo

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

Donald Trump visitó nuestro país hace muy poco. Y las consecuencias de esa visita todavía están por verse. De manera inmediata podríamos decir que el primer “damnificado” de la visita fue el propio presidente Peña Nieto, quien sufrió de una baja considerable en su popularidad y fue duramente criticado por todos los medios de comunicación nacionales e internacionales, en la opinión pública de nuestro país y de Estados Unidos también (sin dejar de mencionar a otras naciones) y en las campañas, Gobiernos y ciudadanos. Pero no fue el único que sufrió: el secretario de Hacienda también, tanto que renunció al cargo y Trump se encargó de meterlo a la dinámica electoral y al ajetreo e intercambio de opiniones y otras cosas.

Sin embargo, Donald Trump se contradijo a sí mismo en varias ocasiones. Primero alabó la salida del exsecretario Videgaray, y luego lo lamentó. Primero dijo que su viaje fue un éxito y luego trascendió que en realidad estaba enojado. Y lo mismo sucede con los actores en México: el gabinete se dividió cuando se enteró de la visita y luego tuvo que salir a defender al Presidente. La propia Embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, criticó que Trump era un personaje nocivo para ambos países, pero no sabremos el estado real de nuestra relación bilateral con el vecino del norte.

En resumidas cuentas, la visita no solamente desencadenó indignación, sino que generó confusión entre los actores políticos y la opinión pública. En lo personal estoy en total desacuerdo con lo sucedido; no apoyo que se haya invitado a Trump a nuestro país, pero lo que quiero decir es que -en la política- nadie está tan muerto, tan derrotado, tan vencido, que no pueda resurgir después. Y viceversa: los triunfos no son tan absolutos, tan definitivos, tan avasalladores que la gente no pueda perder todo después. Veamos algunos ejemplos: en 2006 Andrés Manuel López Obrador hizo un megaplantón en la Avenida Reforma de la Ciudad de México, generando pérdidas económicas a muchos negocios y fue nacionalmente condenado. Pero resurgió y volvió a competir en la siguiente elección presidencial quedando en segundo lugar. Y planea volver a hacerlo en el 2018. Y pensemos en Churchill o De Gaulle, quienes compitieron varias veces sin ganar hasta que ganaron, o Lula Da Silva en Brasil, quien ganó hasta la tercera ocasión siendo un presidente muy popular, que cayó en desgracia nuevamente.

Lo que trato de decir es que, como la historia lo demuestra, los actores políticos (a menos que estén muertos), siempre pueden volver a la escena política. O bien, pueden caer estrepitosamente. En México, Luis Videgaray renunció a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, pero no tenemos claro si lo hizo obligado por las circunstancias que generó la visita de Donald Trump, o si en realidad es una jugada política para dejar de asumir el costo del recorte presupuestario del ejercicio económico de 2017, y poder dedicarse de lleno a ser candidato al Gobierno del Estado de México, cuya elección será el próximo año, y representa la antesala de la elección presidencial de 2018, en el Estado más grande, más poblado y con mayor presupuesto del país.

Si recordamos la historia, debemos entender que las consecuencias finales de todo lo que está sucediendo actualmente no serán vistas y apreciadas de inmediato, sino que tenemos que dejar un tiempo para poder aquilatar en la distancia lo que realmente sucederá. Y creo que para el mismo Donald Trump es igual (aunque yo prefiero que pierda la elección).

www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información