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Nicaragua en su dilema

  • Rosamaría Villarello

Bob Dylan impulsó las transformaciones sociales de la segunda mitad del siglo XX. Cuando se habla de revolucionar el mundo, él es un referente obligado y un mensaje para las decisiones cruciales que tomará su país en próximos días.

  • Rosamaría Villarello Reza

Inmersos como estamos en las elecciones en Estados Unidos a partir de este último debate presidencial, los demás asuntos quedarán bajo su sombra.

Las elecciones en Nicaragua se llevarán a cabo justo dos días antes del 8 de noviembre por lo que con más razón la centroamericana pasará desapercibida, a pesar de su relevancia en lo que tanto ha costado construir en los países de la región: la democracia.

Los nicaragüenses han pasado por diferentes ciclos políticos. Hoy también están en el centro de otro momento americano y latinoamericano. En la época contemporánea han transcurrido de la dictadura a la revolución; de ésta a Gobiernos identificados con “la derecha”. A partir de 2007 Daniel Ortega regresó al poder y, una vez más en 2011, el antiguo revolucionario se reeligió a la Presidencia bajo las sospechas de fraude electoral  -con el apoyo del entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez-. Hoy en 2016, vuelve a presentarse teniendo una oposición debilitada está pidiendo posponer las elecciones hasta que haya garantías constitucionales vigiladas por la OEA, libres y transparentes.

La gente está convencida de que esas condiciones no se cumplirán, puesto que Ortega no acepta la observación nacional e internacional. Así mismo, lleva como compañera de fórmula a su mujer, Rosario Murillo, a quien se le da por hecho como su sucesora, pero que desde siempre ha jugado un papel preponderante en las decisiones de Gobierno.

También está en juego la elección de 90 diputados nacionales y 20 para el Parlamento Centroamericano y de ellos pocas esperanzas existen de un número suficiente de opositores al régimen.

Nicaragua ha dejado de tener esa importancia estratégica que tuvo en los años ochenta en los que el Frente Sandinista de Liberación Nacional era el componente central del Gobierno. Muchos de sus actuales dirigentes ya no son los que tomaron el poder en aquellos años; están retirados o están muertos o se han escindido de un partido con el que ya no tienen identificación alguna. En el exterior, aunque algunos siguen apoyando a Ortega, ya no tienen el interés en una región que estaba en medio de la disputa del poder mundial entre EUA y la actual Rusia. Cuba silo le da el apoyo simbólico y la Venezuela de Maduro no está en condiciones de seguirle enviando sus refuerzos petroleros. Brasil y Argentina han dejado de ser sus aliados. Con México, la distancia se ha acrecentado.

En cualesquiera circunstancias, se está gestando un cambio en Nicaragua que puede ir para largo. Rosario no puede hacerse muchas ilusiones de suceder a su marido para mantener el poder y no se vislumbra en el panorama un grupo fuerte que pueda asumir las responsabilidades gubernamentales. Pero la inquietud y el descontento aumentan. Sobre todo cuando se espera un altísimo abstencionismo y la posible judicialización del proceso.