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Niño asesinado en Los Cabos

  • Ramón Ojeda Mestre

Desgarradores, conmovedores, eran los gritos del pobre padre que llegó con su hijo en brazos, ambos chorreando en sangre, hasta las puertas mismas del hospital del IMSS en San José del Cabo, a unas cuadras del Tecnológico de Los Cabos, el famoso ITES y del Centro de Convenciones. La creatura, de escasos siete años de edad, había recibido también los balazos que un par de asesinos les sorrajaron en plena luz del día.

El angustiado papá había sido objeto de un atentado a balazos por torvos delincuentes que no se tentaron el corazón para dispararle también al inocente niñito, que apenas cursaba su primaria en una escuela pública en el candente foco turístico de Los Cabos en BCS. Iban a bordo de su vieja y polvosa camionetita padre e hijo cuando los asesinos les dispararon a diestra y siniestra.

El papá recibió balazos en la cabeza y el cuerpo, pero aún con esas espantosas lesiones su instinto de amoroso padre le impulsó a dar un arrancón estruendoso a su vehículo y enfilar a cien por hora hacia el hospital del Seguro que quedaba a solo unas cuadras.

Llegó solo Dios sabe cómo y en la tragedia espantosa estrelló su camionetita a las puertas del nosocomio, cargó al hijo y entró gritando dolorosamente clamando por ayuda de los médicos. De inmediato, metieron a urgencias al chiquitín, qué, con dos balazos en la cabeza, respiraba aún con una gran dificultad. Los médicos y las enfermeras lucharon con las armas que da la ciencia y la pasión de servir, pero al filo de la media noche el pobre niño ya no resistió más y falleció.

Todos somos responsables de ese infanticidio con premeditación, alevosía y ventaja, perpetrado por los asesinos de Los Cabos, pero, en primer lugar, el gobierno federal que no ha sabido ser eficiente en prevenir, combatir, abatir o erradicar el delito violento de su sitio turístico consentido que tanto dinero le deja a empresarios y al gobierno.

No soy hombre de biblias y religiones, pero no puedo menos que recordar lo que dice Sofonías: “Las ovejas son criaturas muy débiles, y los lobos son terribles enemigos…” Y en Los Cabos ha subido en 685% la cifra letal de homicidios violentos y culposos. Porque los empresarios de aquí solo están obsesionados en contar cuántos dólares les deja el día a día y no se quieren dar cuenta de que el delito está tiñendo de rojo el Sol, la playa y el mar de la hermosa tierra de los pericúes y de las pinturas rupestres sorprendentes.

Y como en Los Cabos las únicas voces que escuchan los poderosos son las de los empresarios y éstos solo están checando por internet los ingresos diarios y el tipo de cambio, en su aturdimiento únicamente alcanzan a pedir el cambio de tipo. Todos sabemos que son delitos federales con armas exclusivas de uso militar y vinculados con el narcotráfico y otros pañales del delito.

Explíqueselo al desdichado y humilde padre que, para su desgracia, al tratar de salvar a su hijo de la muerte, agonizando llegó al hospital y, paradójicamente, al estilo de Eurípides cuando el infanticidio de Medea, el papá balaceado en la cabeza y el pecho, por salvar a su hijito, el espíritu agradecido de su hijo lo salvó a él. Cambió su vida el niño por la de su padre ante los ojos supremos.

¿Qué hará el padre cuando salga del hospital? Me aterra pensar, pero lo entendería, que saliera a buscar la venganza de ojo por ojo y diente por diente como reza la ley del Talión. ¿Qué se dirán su desconsolada esposa y él? ¿Cómo le reclamará a su marido la vida del niño? Me acordé del verso de Andrés Eloy Blanco: “…ni andar cobrando en el hijo, las cuentas del padre ruin”. Qué horror.

rojedamestre@yahoo.com