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No elevar tarifas de transporte público en 2016 / Horizonte Económico / Carlos Loeza Manzanero

  • Carlos Loeza Manzanero

El precio es la cantidad de unidades monetarias que se pagan por un bien o un producto, mientras que la tarifa corresponde al pago por un servicio.

En el caso del transporte de pasajeros lo que se paga es un servicio, es un traslado, pero desde el punto de vista económico es conveniente analizar sus componentes.

El comentario es referente a que la tarifa cumple diferentes propósitos, por lo que es conveniente señalar aspectos relevantes, para el caso de la situación que prevalece en cuanto a la tarifa del transporte público de pasajeros en México.

Es evidente que la connotación se refiere a distinguir si el servicio se presta por una empresa pública o por una empresa privada, que tenga la concesión para cumplir con ese servicio.

En el primer caso, la principal característica es que opera principalmente con apoyo de subsidios, derivado básicamente de la política pública de prestar el servicio de transporte sin propósitos de ganancia, más bien de ofrecer el servicio de traslado, de comunicación, de movilidad sin considerar el impacto del comportamiento inflacionario.

Más bien corresponde a que el transporte es inherente a la actividad de desplazamiento del ciudadano, para que se traslade a su actividad laboral, académica, empresarial, a su domicilio, en fin, cualquier destino y que lo realice al menor costo posible y esto último es evidente que se logra principalmente vía subsidios.

Pero cuando el prestador del servicio es concesionario, es necesario  que además de que éste lo preste con eficacia y calidad, la tarifa registre un comportamiento permanente de actualización.

Ello permitirá compensar costos, que se afectan por alzas en precios de los insumos, por impactos cambiarios e incluso de tasas de interés y por ello  desde el ámbito de la autoridad se deberá mantener demanera permanente el propósito de privilegiar el traslado del ciudadano y ello conlleva a autorizar con oportunidad la actualización de los subsidios que en términos reales significaría de la tarifa misma.

Sin duda, deberá mantenerse la calidad del servicio en el mayor nivel posible y la actualización de la tarifa corresponderá a la esencia misma de esa política pública.

Lo más común es la concertación entre la autoridad y el prestador del servicio, que sin duda ello deberá ser con la mayor oportunidad, de lo contrario el riesgo sería deterioro en la calidad del servicio, así como evitar efectos multiplicadores en diferentes aspectos de la operación.

Ante la situación relativamente común de rezago en el esquema tarifario, se considera como una opción más adecuada el esquema fiscal, para lo cual se dispone de opciones.

Una de ellas es a través de subsidios, la practica más común, para mantener las tarifas en congruencia con la política pública de apoyo a las finanzas ciudadanas, vía tarifas de transporte donde el impacto corresponda a las finanzas gubernamentales y no a las ciudadanas.

Una variante podría ser transferencias en términos de compensar el pago de impuestos, con lo cual principalmente se estaría afectando el rubro denominado Gastos Fiscales, que es la esencia de ese concepto.

Dadas las condiciones económicas que prevalecen, de caída en el precio del petróleo, de reducción consecuente en las transferencias a las finanzas estatales y al impacto sobre éstas por el alza en las tasa de interés, dado el elevado monto de su deuda, pareciera que lo más recomendable sería mantener las tarifas de transporte público, por lo menos en este ejercicio fiscal, lo que implicaría que se asumiera el costo en las finanzas públicas con el propósito permanente de procurar el mayor nivel de calidad en la prestación del servicio.
*estudioshacendarios.clm@hotmail.com