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No en los cuarteles

  • Raúl Aarón Pozos

Raúl Aarón Pozos Lanz

Las declaraciones del secretario general de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, sobre el papel del Ejército, ahora en las calles en labores de Policía, generaron un debate nacional que puede ser sano y productivo.

De hecho, que la postura del general Cienfuegos sea ahora incluida en los debates y leamos y escuchemos diversas opiniones, ideas, sugerencias y propuestas en torno a las labores que deben hacer o dejar de hacer los soldados, ya resulta sano.

Hace 10 años, por decisión del entonces presidente Calderón (no olvidemos que el Presidente de la República es también jefe Supremo de las Fuerzas Armadas) el Ejército fue enviado a las calles a combatir la delincuencia organizada y común, como una urgencia ante la corrupción y la inoperancia de las Policías estatales y municipales, cooptadas por los criminales y en muchos casos a su servicio.

De un lado hay opiniones en torno a la inutilidad de haber declarado “la guerra” al narcotráfico y al crimen organizado, que originó la orden de sacar al Ejército de sus cuarteles para combatir a esa delincuencia. Se habla de más de 250 mil muertos en los últimos 10 años, de un lado y del otro y de que, al final, la declaración de guerra y la salida del Ejército de los cuarteles no ha servido para contener ni al narcotráfico ni al crimen organizado.

Hay otras opiniones, de los que subrayan que de no haberse tomado la decisión de sacar al Ejército a contener y combatir el narcotráfico y al crimen organizado, México hoy estaría en manos de esos mismos criminales que llegaron a niveles insospechados de control dentro de las Policías y de los propios niveles de Gobierno, como el caso de Michoacán.

Frente a ello es cierto que el Ejército ha quedado en medio. Ha estado haciendo tareas que legalmente no le corresponden y es acusado (justa e injustamente) de crímenes y violaciones a los derechos humanos. Es cierto también que, en tales circunstancias, la credibilidad y respeto al Ejército, una de nuestras instituciones con mayor solidez en todos los sentidos, se ha ido perdiendo.

Quizás es la parte que más daña el orgullo y la entereza moral que han tenido nuestros soldados y marinos, a quienes hoy felicitamos por su trabajo con absoluta convicción.

Lo que corresponde entonces, como señaló el propio general secretario de la Defensa, es establecer en la ley con mucho cuidado, con mucha claridad, las funciones que deben realizar los miembros del Ejército y la Marina, si es que en verdad harán otras.

Decidir si harán esas otras funciones además de las que la ley ya les obliga no es cosa menor, pues el Ejército, como lo conocemos hoy, podría transformarse en otra institución. Por ejemplo, un cuerpo armado que no solo vele por nuestra soberanía, sino que también retome funciones policiacas, pero bajo un marco legal.

Ahora bien. Que el general Secretario de la Defensa y la cúpula militar de México, que incluye al secretario de la Marina Armada de México y sus altos mandos, reclamen ahora un marco legal que los proteja o, en su caso, que regresen a las tareas que la ley les establece, no cambia la situación general del país.

Me explico: el Ejército y la Marina se fueron a las calles por una situación de emergencia nacional; por el crecimiento del narcotráfico y la delincuencia organizada en muchas regiones del país y porque, como sabemos, las Policías cooptadas, mal armadas y menos entrenadas, no pudieron defender a los ciudadanos y muchas terminaron, junto con sus jefes, uniéndose al enemigo.

Quiere decir que, si bien los legisladores tenemos que avanzar rápido en ese nuevo marco legal para las Fuerzas Armadas, éstas no podrán dejar de ayudar los mexicanos en las regiones en donde se requiera porque más allá de las razones legales están las razones morales.

México necesita hoy que el Ejército y la Marina estén en las calles, no en los cuarteles. ¿Hasta cuándo? Hasta que sea necesario. Cuando las Policías Estatales (o una Gendarmería nacional, por ejemplo) tengan la preparación adecuada, el armamento adecuado, la solidez legal y moral para defender a los mexicanos, brindarles la paz y la tranquilidad que nos han robado los criminales.
* Senador