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No era el momento propicio para incrementar las tasas de interés / Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Así como de ninguna forma es lo ideal conseguir mayor competitividad del aparato productivo mexicano recurriendo a una devaluación, tampoco es lo ideal lograr un fortalecimiento del poder adquisitivo de nuestra población sobrevaluando el peso. Para alcanzar ambos objetivos, lo ideal es incrementar nuestra productividad y competitividad internacional. Cuando sistemáticamente recurrimos a aumentar en forma excesiva las tasas de interés, a fin de compensar nuestro longevo déficit de cuenta corriente, atrayendo principalmente capitales golondrinos, atacamos nuestro potencial de inversión, de crecimiento económico y de generación de empleo.

Por ello el reciente salto de la tasa de interés de fondeo, a la que financia nuestro banco central, de 3.25 a 3.75 por ciento, cuando el peso se encuentra ya ligeramente subvaluado, no parece el momento más oportuno. Tampoco resulta oportuno ese salto si consideramos que el dinamismo de nuestra economía se ha visto severamente golpeado con el desplome de los precios del crudo y que con dicho aumento se afecta aun más nuestro potencial de crecimiento. Si queremos promover la vital inversión es de suma importancia que su financiamiento resulte lo más accesible que sea posible y elevar las tasas de interés propicia que nuestro voraz sistema bancario las capitalice e incremente aun más, obstaculizando así la vital inversión.

El alza en las tasas de inter és no solo frena la inversión sino también el consumo y consecuentemente el crecimiento y el bienestar económicos. Se decidió aumentar dichas tasas justo cuando aparecen signos de eventual recesión y cuando por tanto se requiere de mayor inversión: de acuerdo con los últimos datos disponibles, en diciembre pasado, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) apenas obtuvo una variación de 0.04 por ciento, su tasa mensual más pequeña desde mayo de 2015. También según el INEGI, en el cuarto trimestre de 2015, experimentamos una caída en el ritmo de crecimiento ya que el PIB aumentó 0.5 por ciento, mientras que a tasa anual el crecimiento fue de 2.5 por ciento. En coincidencia con estos datos nos encontramos con que durante diciembre pasado las ventas al por menor cayeron 1.55 por ciento.

Ante estos negativos indicadores recesivos, cuando los niveles de inflación se encuentran muy por debajo de lo esperado, en función de la cuantiosa devaluación sufrida por nuestra moneda, la receta de aumentar las tasas de interés no parece ser la más indicada. El efecto del alza de la tasa de interés de fondeo sobre las presiones inflacionarias se verá sumamente limitado, en virtud de que lo que verdaderamente cuenta es el impacto de la devaluación.

Y si la inflación estaba sorpresivamente frenada, con todo y sustancial devaluación, desde antes del alza de las tasas, ¿no será una sensible caída en la demanda agregada la causa fundamental de que dicha devaluación no haya repercutido en una mayor inflación? Y si lo que padecemos es una muy debilitada capacidad de demanda de bienes y servicios por la población nacional, ¿era el momento propicio para frenar la inversión? No sería sensato afirmarlo.

Aun cuando el secretario de Hacienda sostiene que el recorte presupuestal por 132 mmp, equivalente al 2.77 por ciento del PEF’2016, afectará al gasto corriente y no al gasto de inversión, hay múltiples indicios de que no será así y que la inversión sufrirá buena parte del recorte, lo cual resulta sumamente depredador, ya que según el estudioso y bien informado Leo Zuckermann, la inversión como proporción del PIB, se encuentra ya en el nivel más bajo ¡desde 1939! Las medidas citadas pueden conducir a que en lugar de incrementar el ya precario ritmo de crecimiento, 2.1 por ciento anual en el promedio de los tres primeros años del régimen EPN, se reduzca todavía más, en detrimento del bienestar de la población, con el consecuente incremento del merecido desprestigio de los estratos políticos y de la agitación e inconformidad social que lamentablemente tienden a prevalecer cada vez más.
amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell
Disminuidos niveles de inversión vinculados en gran parte a una decadente y precaria demanda agregada.