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No fue suficiente, también Berta Cáceres: ¡Despertemos, despertemos humanidad ya no hay tiempo!” / Un Cuarto Propio / Lucía Raphael

  • Lucía Raphael

El 3 de marzo pasado fue asesinada la activista y defensora de los derechos indígenas en Honduras, Bertha Cáceres. Dos personas no identificadas se introdujeron en su casa con la intención clara de darle muerte. Sus allegados responsabilizan a las grandes empresas transnacionales, su hija Bertha responsabiliza a la empresa DESA constructora de la represa de hidroeléctrica “Agua Zarca”, en la comunidad de Río blanco. Berta hija cuenta en entrevista en la Ciudad de México que: “en reiteradas oportunidades la amenazaron directa e indirectamente. También responsabilizó al Gobierno de Honduras ya que desde el 2010 comenzaron a dar concesiones hidroeléctricas sin límites, para la explotación minera, que afectan las comunidades de la zona, y también son responsables por dar estas concesiones sin respetar los derechos y la opinión de esta comunidades que sufren en la realización de estos proyectos, que les roban el agua, que destruyen su “hábitat funcional”, también responsabiliza al Ejército que ha sido cómplice de su asesinato, al defender la propiedad privada y los intereses de esas empresas y, responsabilizó categórica al Banco Holandés, El Banco Finlandés, al Banco Centroamericano de Cooperación Económica, quienes están financiando estos “proyectos de muerte”. El asesinato de mi madre –dice entera- “es uno más entre los que se cometen por la lucha contra esa represa hidroeléctrica Agua Zarca, y también responsabilizamos a este sistema Capitalista Patriarcal Racista de Muerte que fomenta por todo nuestro continente la explotación minera hidroeléctrica y la exclusión y la violación de los derechos de los indígenas”.

La defensora de los lencas, de la tierra, de la ecología recibió en abril de 2015 el premio “Ambiental Goldman”, en San Francisco, California. Ella consiguió entre otras cosas evitar la privatización del río Gualcarque y defendió los derechos de los pueblos indígenas. Berta jamás abandonó sus principios. Vale la pena transcribir su discurso en el que se explica el absurdo de esta batalla en donde son los pequeños propietarios, los indígenas desposeídos, quienes se enfrentan al neoliberalismo para defender nuestro planeta, y nosotros aquí observamos el horror, como si se tratara de una batalla en una Galaxia lejana: “En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales, el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta. El COPINH, caminando con otros pueblos por su emancipación, ratifica el compromiso de seguir defendiendo el agua, los ríos y nuestros bienes comunes y de la naturaleza, así como nuestros derechos como pueblos. ¡Despertemos! ¡Despertemos Humanidad! ¡Ya no hay tiempo! Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal. El Río Gualcarque nos ha llamado, así como los demás que están seriamente amenazados. Debemos acudir.

“La Madre Tierra militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente los derechos elementales, nos exige actuar. Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y los espíritus. Dedico este premio a todas las rebeldías, a mi madre, al Pueblo Lenca, a Río Blanco y a las y los mártires por la defensa de los bienes naturales”. Dijo la defensora que sabía que las balas quedaban inertes mientras que las palabras seguirían
resonando.

Bertha su joven hija, habla en la entrevista con entereza, como si entre la defensa de la tierra y la comprensión de la relación de la madre tierra, hubiera aprendido a perder a su madre a favor de los suyos: “Ella creía en el rescate de la cultura lenca, en la espiritualidad y en la autonomía de la población. Ante la pregunta de la entrevistadora sobre qué espera de la sociedad civil y los movimientos responde todavía entera: “Nuestro objetivo es parar ese proyecto hidroeléctrico de muerte, ya no queremos más muertes, ya han sido suficientes”, y es ahí donde se le quiebra la voz, como entendiendo que en ese discurso conocido de pronto se suma la ausencia definitiva de su madre; “ya han sido suficientes”; más que suficientes, también ella la que le enseñó a no doblarse… “Queremos que el movimiento social y todas las personas que se solidaricen con ella salgan a la calle y se solidaricen como siempre lo ha sabido hacer el movimiento social para honrar su vida” ¿En qué realidad estamos viviendo en la que los Estados cuya razón de ser es proteger nuestras vidas y nuestro territorio, se suman a intereses privados para acabar con todo aquel que se interponga en su camino entre el puñado de dólares que les dará su inversión y la destrucción del planeta? ¿Dónde lo gastarán cuando hayan acabado con todo?