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No hay tiempo que perder

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

La relación bilateral entre México y Estados Unidos no puede perder tiempo. Urge que nos pongamos a trabajar de inmediato. En este tipo de cosas debemos tener una capacidad de reacción inmediata, por difícil que sea, por complicado que parezca y por desanimados que nos encontremos. Ahora bien, la semana pasada decíamos que la estrategia de México era precisamente esperar (en el largo plazo) para negociar con la administración de Donald Trump y desgastar -poco a poco- el ímpetu antimexicano que existe en Estados Unidos en un buen sector de la población. ¿Por qué entonces ahora digo que no hay tiempo que perder para ponernos a trabajar en esto? Parecería un contrasentido, sin embargo no lo es. Me explico a continuación.

Nuestra estrategia debe ser doble y diferenciada. Debemos utilizar los tiempos a favor de lo que nos conviene. Cometeríamos un error si pensamos que todo Estados Unidos es un bloque uniforme que toma decisiones de esa forma y que toda su población además apoya a su Presidente. Pero no. En Estados Unidos sucede como en México: existen todos los sectores, todos los perfiles, todas las corrientes. Por supuesto que hay casi 60 millones de personas que votaron por Donald Trump (y otros tantos más por Hillary Clinton).

De entrada allí está la primera diferencia. En segundo lugar, de esos millones de votantes que llevaron al magnate a la Casa Blanca, no todos están de acuerdo con todo lo que propuso. Muchos lo hicieron, por ejemplo, por su oposición al aborto y no tiene nada que ver la postura antiinmigrante. Otros lo hicieron porque no podían pagar las pólizas de sus seguros médicos y querían un cambio en ese tema. Otros por supuesto lo hicieron por razones antiinmigrantes o xenófobas. Pero incluso entre ellos no hay un consenso común de qué hacer. ¿Qué trato de decir entonces? Que la estrategia ganadora debe diferenciarse.

Por supuesto que con la administración de Donald Trump debemos ser lentos. Esperar y diferir las decisiones; dejar que las negociaciones tomen su tiempo, que la burocracia juegue a nuestro favor y que las trabas organizacionales y endémicas del país acaben por desgastar poco a poco la retórica explosiva contra nosotros. La estrategia –como dije el sábado pasado– es cansar al adversario. Pero eso no nos exime de hacer nuestro trabajo, de movernos con rapidez y actuar efectivamente. ¿En dónde es donde no debemos perder tiempo? Pues precisamente con ese enorme sector de la población que no está convencido de lo que hace su Presidente y su Gobierno.

De convencer a todos aquellos con quienes podemos tener una interlocución eficaz, que México es un socio y no un enemigo. Se trata de buscar a nuestros aliados potenciales (esos que ya están allí) y de sumarlos a la causa. Que sean justamente ellos mismos los que se encarguen de retrasar la negociación con la administración de Donald Trump. Que haya una estrategia clara para que todos aquellos a quienes podamos asociarnos, decidan jugar con nosotros ofreciéndoles una muestra clara de aquellas razones por las que es conveniente (y que además, les resultará
evidente).

No se trata de actuar en bloque sino de entender que en una democracia tan variada (como es el caso de Estados Unidos), para desgastar la negociación con un interlocutor hostil es importante tener aliados internos. Y con ellos no hay tiempo que perder.
@fedeling