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No hemos malentendido: México ha sido vejado

  • Betty Zanolli

  • Betty Zanolli Fabila

De acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores, casi 12 millones de mexicanos radican fuera del territorio nacional y de ellos el 97.79 por ciento lo hace en Estados Unidos, nación donde 34 millones de personas son de origen mexicano, cifra a la que debemos agregar los más de 122 millones de mexicanos que viven en el territorio nacional, y así llegamos a un número impactante. ¡Más de 156 millones de seres humanos son a los que el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha denostado, vituperado, despreciado, ridiculizado, amenazado, calumniado, ofendido y vejado! 156 millones que  han entendido diáfanamente cada ultraje, cada agravio, cada invectiva proferida por quien se ha autoerigido en el enemigo número uno de México y de los mexicanos. Por eso la sociedad mexicana entró en shock, presa de la indignación, azoro, coraje y doliente impotencia cuando el pasado miércoles comenzó a circular por las redes sociales que el propio presidente de la República, el mandatario supremo en quien está depositada la soberanía popular, anunciaba en su cuenta de Twitter haber invitado a Los Pinos al más grande denostador y ofensor de la mexicanidad que ha existido: Donald Trump.

Pero faltaba lo peor. ¿Por qué esta humillación al pueblo de México? ¿Por qué el titular del Ejecutivo en vez de encarar a este sujeto y exigir que se retractara ante el pueblo de México de sus infamantes vituperios su respuesta fue legitimar su proceder y justificar sus insultos, aduciendo que los mexicanos lo hemos malinterpretado? ¿Malinterpretado cuando se atreve a espetar feroz y majaderamente: “México no es nuestro amigo. Nos está ahogando económicamente”; “No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a Estados Unidos”; “Cuando México nos manda gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores”; “Los mayores proveedores de heroína, cocaína y otras drogas ilícitas son los carteles mexicanos, que contratan inmigrantes mexicanos para que crucen la frontera traficando droga”, “México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán más la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México”?.

El mayor tesoro que posee una persona es su dignidad, “base y esencia de los derechos humanos” a decir del doctor Jorge Carpizo, inspirado en el pensamiento del humanista ferrarano del Renacimiento, Giovanni Pico della Mirandola. Cuánto más lo es la dignidad de una Nación, valor supremo que la Ley Fundamental de la República Federal Alemana de 1949 incorporó desde su primer artículo, al establecer: “La dignidad del hombre es intangible. Respetarla y protegerla es obligación de todo poder público”. Sin embargo, nada más alejado de nuestra realidad. Nunca en nuestra historia el pueblo mexicano se sintió más abandonado y vejado, humillado y traicionado, que este miércoles negro, cuando nuestra soberanía fue burlada y nuestra dignidad hecha trizas.

Sí, nadie duda que la estridencia es arma eficaz en una campaña política, pero lo inadmisible, lo execrable, es que sea a costa de despreciar y vejar el honor de un pueblo. Por ello mismo se convierte en traidor a la patria todo aquel que atenta contra la independencia, soberanía y decoro del pueblo de México, como lo es avalando la incendiaria campaña de linchamiento y repudio a todo lo que sea mexicano que ha orquestado el siniestro personaje de marras. Por eso le pregunto señor Presidente ¿por qué legitimar el repugnante agravio a los mexicanos que usted representa justificando lo injustificable?.
bettyzanolli@gmail.com       @BettyZanolli