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¡No manches, cine mexicano!

  • La moviola/ Gerardo Gil

“La generación cachuna” le dice Jorge Ayala Blanco a los jóvenes ochenteros adocenados a los productos que la televisión comercial de entonces promovía. La cita la tomo del libro Del Quinto Poder al Séptimo Arte (Miranda López Raúl, Cuadernos de la Cineteca, Nueva Era, Conaculta, 2010) y viene a cuento porque si en algo ha sido fiel Televisa es en mantener los estereotipos de las categorías sociales. En este caso el de la juventud.

“La generación cachuna”, la generación rebelde, la generación que va a de Primer Amor… a mil por Hora, la generación patito. A esa es a la que se dirige la película No Manches Frida (Nacho G. Velilla,2016).

Un exconvicto “Zequi” (Omar Chaparro –instalado en Sabadazo-) debe recuperar un dinero que robó y que se encuentra enterrado en una secundaria. Para lograr su cometido y por una confusión, acaba trabajando como maestro de una secundaria, cuidando de un grupo de rebeldes medio sosos y que se la pasan haciendo bromas que haría palidecer de envidia a Jorge Ortiz De Pinedo y su escuelita: Ya deja de comer Pepa Pig le dice Chaparro a una alumna.

La maestra Lucy (Martha Higareda) que le echa ganas a su papel pero se deja seducir a ratos por una que otra chapulinada (le avientan tierra en la cara con una pala, la embarran de excremento, en fin) se dedica con devoción a su trabajo pero nunca llega a meter en orden a los alumnos y mucho menos ser popular entre ellos, le pide a “Zequi” que discipline a los jóvenes. Por las mañanas será docente y en la noche se dedicará a recuperar el dinero robado.

Comedia más cercana -en parte- al corte televisivo y producto en serie de lo que Televicine, ahora Videocine, hace por llevar a su elenco (y a su público) al cine). No Manches Frida es también una apuesta por entrar al mercado estadunidense, no solo al sector de habla hispana, sino también en algunas regiones en las que se busca al norteamericano.

La estrategia es el juego genérico -por eso, solo es que en parte se busca el corte y narrativa de la televisión, sobre todo para que su público objetivo no se sienta violentado-. La apuesta es jugar, copiar, pero nunca tropicalizar, los géneros cinematográficos norteamericanos. En este caso, una “Teen Comedie”, “High School Movie” y una
“School Day”.

Vemos desfilar en una secundaria popular con escena de llegada a clases en la mañana cual secundaria norteamericana, carros y bicicletas afuera del plantel, al chavo rebelde, la chica incomprendida que se siente fea, el nerd inventor. En fin, la película fluye cual hamburguesa de comida rápida, hecha en serie y para un gusto amaestrado. No es que la apuesta en si misma de entrar por medio de la copia genérica al público de Estados Unidos, sobre todo al de habla hispana, sea mala y esto mezclarlo con el consumidor de televisión, el problema es la exacerbación de estas estrategias, que logran solo dar como resultado final un humor soso y poco exigente.

Aunado a jugar y seguir jugando a la metaficción con sus elencos: Omar Chaparro es “Zequi”, pero también es Omar Chaparro, Higareda es la guapa (eso sí y mucho) que soporta las bromas y hace caras y gestos para realizar comedia. En fin, nada que Televicine-Videocine no haya hecho a lo largo de su historia.

La pregunta es ¿Funciona en el público general? Funciona en el amplio sector que ve –aun- televisión abierta comercial y que le avientan la “audacia” de acercarle géneros norteamericanos. Nada tampoco tan valiente si consideramos que de todos modos la mayoría de la gente lo que consume es cine de Hollywood.

¿Y que se rían algunas personas del público ante los gags tipo Pepa Pig, la convierte en una buena película? En un producto exitoso tal vez. Pero la serie La risa en vacaciones fue un éxito de taquilla y buenas películas no eran ¿O sí?
¡No manches cine mexicano!
En corto (La otra cara del cine nacional)

Matria (Fernando Llanos,2014) cuenta mediante un documental, la historia de su abuelo, Antolín Jiménez, presidente de la Asociación Nacional de Charros y, quien durante la Segunda Guerra Mundial le propuso al presidente Manuel Ávila Camacho, un ejército de 100 mil charros para combatir a
los Nazis.

Se ve en este filme la historia pequeña,- la que va de lo particular a lo general- para hacer un revisionismo de país, y como marco una historia familiar de secretos, verdades a medias y descubrimientos. Un trabajo indispensable e incluso entrañable y humorístico, para entender nuestra forma de ser.

Contar la historia particular como marco histórico, es ahora una tendencia de algunos realizadores, basta citar al escritor Xavier Velasco con Éste que ves, La Edad de la Punzada y Puedo Explicarlo Todo. Matria es la otra cara del cine
–muy digna-.