imagotipo

No necesitan ser “pobreteadas”

  • Raúl Aarón Pozos

Raúl Pozos Lanz

En el Día Internacional de la Mujer, el pasado 8, a lo largo y ancho de México y del mundo observamos a cientos de miles de mujeres manifestarse, marchar, portar carteles de protesta, insultar a los “machos”, exigir justicia y acabar con los feminicidios; igualdad en el trabajo, en la remuneración, en la salud, y muchos otros aspectos.

La verdad es que fue, de muchas maneras, gratificante para quienes creemos en la igualdad de mujeres y hombres verlas así, unidas, en las calles, al grito unísono, con el puño y la frente en alto y el pecho erguido.

Es cierto que en México todavía hay datos que nos preocupan. Según la Comisión Nacional de Evaluación en su estudio de Pobreza y Género en México: Hacia un sistema de indicadores, subraya la importancia de revertir brechas de género en aspectos como la conformación de los hogares, el rezago educativo, el acceso a los servicios de salud, el trabajo remunerado y no remunerado, el ingreso, la seguridad social, la alimentación, las carencias en la calidad y los espacios de la vivienda, así como el trabajo doméstico.

Todavía hay mujeres que son sometidas a la explotación y trata de blancas y que, pese a ser jefas de hogar (papá y mamá) a un tiempo, no tienen el reconocimiento ni las mismas oportunidades que los
hombres.

Sin embargo, lo que tampoco podemos perder de vista hoy es que en la primera mitad del siglo XXI, a 42 años de que la Organización de las Naciones Unidas celebró oficialmente el primer Día Internacional de la Mujer (1975) y con ello las insertó en la atención del mundo como uno de sus principales pendientes de justicia, las mujeres han avanzado a pasos agigantados.

Las mujeres ya no están “detrás de un gran hombre” para tener el reconocimiento de “gran mujer”, pero sí es cierto, como decía el Nóbel García Márquez, que van por el mundo (empezando por el hogar) arreglando todo lo que los varones desarreglan.

Los que creemos en la igualdad de mujeres y hombres a estas alturas de la humanidad, sí reclamamos justicia para las que todavía padecen injusticias pero no las “pobreteamos” subrayando debilidades y fragilidades que en realidad no tienen.

En verdad son más que los hombres (y ya por ahí nos ganan) sobre la faz de la tierra y su naturaleza divina, la de concebir la vida para prolongar la especie, las ha hecho especialmente fuertes. Con frecuencia y naturalidad las encontramos con mayor ingenio, con mayor inteligencia, con mayor determinación, incluso, con inmensos recursos si de conquistar se trata (conquistar metas, pero también al género opuesto que en ese sentido los varones somos básicos y predecibles).

Celebremos a las mujeres sí, luchemos juntos por alcanzar la igualdad en los reductos que todavía no han podido conquistar (cada vez menos) porque ahí se han atrincherado trogloditas que de las cavernas pasaron al Siglo XXI a través del túnel del tiempo, pero dejemos que caminen como lo han hecho y bien.

De verdad, no necesitan ser “pobreteadas” y menos referencias de debilidad. Quizás la vida ya no nos permita a algunos verlo, pero seguro, reinarán este mundo (y quizás otros) para que nuestra especie tenga orden y se preserve por los siglos de los
siglos.