imagotipo

No permitir la ilegalidad

  • Alejandro Díaz

Alejandro Díaz

Tiene razón el general secretario: floreció el robo de combustibles por omisión de autoridades civiles. Cuando los “huachicoleros” poblanos arrebataron las primeras planas de los medios llevaban meses extrayendo de los ductos de Pemex. No fueron los primeros ni serán los únicos aunque sea el caso más serio que se ha presentado.

Cada mes se conoce de casos de robo de combustible, de incendios y explosiones a lo largo de los ductos que cruzan el país, pero en muy pocos casos hay detenidos o sentenciados. Los directivos de Pemex, que debían ser los interesados en detener el saqueo, parece que tienen asuntos más importantes a resolver.

Un alto directivo de esa paraestatal festinaba hace tiempo que no hay negocio más exitoso que una empresa petrolera bien administrada, y que el segundo exitoso lugar lo ocupan las petroleras mal administradas. Con ese dicho se concluye que los funcionarios de Pemex aseguran que el éxito de esa empresa seguirá aunque sufra robos, es más, parece que permitieran que personal ajeno a la empresa participe en el saqueo.

Durante años la paraestatal presentó pérdidas a pesar de manejar cantidades crecientes de recursos. Solo en los últimos dos años Pemex ha presentado resultados positivos y nadie sabe cuánto más pudiera aportar a las finanzas públicas si no hubiera saqueos de propios y extraños. Nadie investiga ni valora mermas, desperdicios o latrocinios, y ningún funcionario de la empresa presenta denuncias por faltantes a menos que antes se encuentren conexiones clandestinas.

Consideran que el robo de combustible es mínimo en comparación con lo que se maneja; “como quien le quita un pelo a un gato”. Por ello el combatirlo no está entre las prioridades de la paraestatal. A diferencia de cualquier empresa industrial no hay interés por resultados, mermas o desperdicios; no hay controles ni inventarios periódicos para detectar faltantes ni sustracciones hormiga. Tan solo el año pasado se estima se robaron más de dos mil millones de litros de combustible, que a un precio promedio de 10 $/litro suman más de 20 mil millones de pesos, la mitad del presupuesto anual de la UNAM.

¿Cuántos hospitales, clínicas o aulas podrían haberse construido con esos recursos? Más de los que reconocerían los directivos de Pemex, pero no son los únicos. También hay fugas no controladas en Comisión Federal de Electricidad (CFE), en Conasupo y en la Comisión del Agua. Quizá sean fugas sin daños colaterales tan graves como las de Pemex, pero también son recursos públicos privatizados que no se emplean para el bien común. A diferencia de las estimaciones de las fugas de Pemex (más de ocho mil millones de litros en lo que va del sexenio), las de las otras paraestatales no se han contabilizado públicamente, pero también son sustantivas aunque sean de menor precio unitario.

¿Por qué no hay interés en controlar fugas y robos hormiga? La explicación más plausible es que si se controlaran estrictamente sería difícil ocultar desvíos e ineficiencia. Así que para evitar dejar evidencia que comprometa, mejor no hacer esfuerzo alguno. Pero quedan las preguntas: ¿Por no se imponen controles y se les da seguimiento? ¿Por qué no se busca maximizar la aportación a los ingresos gubernamentales?

Sin medidas preventivas para asegurar que lo que se envía por gasoducto llega a su destino, vamos a ver más conflictos similares en el futuro. Y seguirá teniendo razón el general secretario.
daaiadpd@hotmail.com