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No queda más que reír…

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

  • María Antonieta Collins

Estoy viendo las últimas declaraciones del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos y suelto la carcajada involuntaria. Me admira que no soy la única y que al unísono se escuchan otras tantas a mi alrededor.

¿Acaso ha dicho un chiste? -preguntan muchos-. La respuesta correcta sería: No… pero casi.

Ha dicho en una conferencia que, de ganar la Casa Blanca lo primero que hará será llamar a “sus generales” para pedirles que ¡en un plazo no mayor a treinta días le sometan su plan para acabar con ISIS! Por “sus generales” imaginamos que se refiere al Estado Mayor Conjunto.

Quién no riera con semejante comentario, entonces sí que habría que mandarlo a una revisión psicológica.

Quizá la risa es la expresión externa de la preocupación real. ¿Cuántas veces el señor Trump ha cambiado sus declaraciones? ¿Acaso él mismo no nos dijo hace unas semanas que, ya tenía un plan para erradicar para siempre la amenaza que significa el Estado Islámico?

Entonces, ¿En qué quedamos?

Es más que obvio que ignora los dieciséis años que Estados Unidos lleva contraatacando el problema desde que surgiera con los nombres y corrientes por las que ha pasado. Que a pesar de la gran amenaza que es, las políticas, buenas o malas, de las administraciones republicanas y demócratas han logrado irles menguando. Han eliminado a dirigentes claves, les han cercado financieramente, les han cerrado muchos caminos a tener armas, les han quitado acceso a pozos petroleros y a enclaves donde podían resguardarse y eso se ha hecho con labor de inteligencia y con el sacrificio de miles de vidas y de héroes anónimos, en esa lucha sin cuartel que se libra allá, mientras aquí dormimos más o menos en paz. Pero la situación va más allá de toda lógica. Vuelvo a lo mismo que preocupa de la personalidad del candidato republicano: que cree que llevar una campaña presidencial como si fuera asunto de grabar un episodio de su famosa serie televisiva: “Estas contratado” y las cosas en la vida real no son así.

Alguno de sus asesores deben informarle que ISIS no es un terreno en el Medio Oriente que estén vendiendo y en donde él podría llegar a construir un famoso resort con lo último de la tecnología, no. Eso no es así. También que, el que “sus generales” le puedan entregar en un plazo de un mes un plan para acabar con ISIS eso signifique que sea algo viable de realizar. Entre el decir y hacer hay un mar de distancia.

Lo peor lo dicen electores independientes a los que Trump debe convencer: “¿Qué cosa debemos creer de este hombre que hoy dice que tiene un plan anti-terrorismo islámico como nadie ha tenido y después nos dice que cuando llegue hablará con los generales para que le propongan algo?” Esos electores que son su blanco para convencerles de que le den su voto son los mismos que saben que este señor hoy afirma una cosa y mañana otra.

“Nos vuelve locos -dice una mujer- odia a México, después va a México. Dice que habló una cosa con el Presidente mexicano y regresa para hablar todo lo contrario ante sus votantes anglos”. La premisa es sencilla y la acaba de mostrar un ferviente republicano e hispano: el exsecretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, quien en anuncios políticos pagados, cuando faltan ocho semanas para las elecciones presidenciales, ha dicho: “He sido republicano toda mi vida, pero con lo que he visto no puedo votar por Donald Trump. Primero está Estados Unidos. Primera está mi país, por encima de un candidato”. No hay más que decir.