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No somos ajenos

  • Raúl Aarón Pozos

Los datos que se difunden nos impactan, por supuesto que sí. Los crímenes de periodistas o comunicadores, de defensores de derechos humanos, no son ajenos ni a la indignación personal, porque nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a nadie, ni aº la preocupación como servidor público con la responsabilidad de generar leyes y acciones que impidan esos hechos inaceptables.

Entendemos la gravedad de lo que está pasando. Sabemos que uno de los elementos constitutivos de la democracia es precisamente la libertad de expresión, la que garantiza el Estado mexicano, y han tratado de conculcar desde el crimen organizado y desde cotos de poder que –por intereses personales—ven en la información y el trabajo periodístico una amenaza.

Sabemos también que esos asesinatos, esos secuestros, esos agravios a los comunicadores tienen fundamento en la intolerancia y la impunidad. Los criminales no toleran que un periodista indague, investigue, fundamente y denuncie conductas o acciones ilícitas. No les conviene porque sus publicaciones terminan con negocios y fortunas mal habidas.

Por eso los atacan y porque ha habido conductas corruptas y criminales, también distorsiones a la ley, que generan esa impunidad que les permite actuar contra los periodistas y no recibir el castigo que merecen. Por supuesto, es inaceptable, es un cáncer que tenemos la obligación de combatir.

Desde el gobierno de la República se ha dado respuesta, como fortalecer la Fiscalía Especializada con más personal, mejor coordinación con los gobiernos estatales y fortalecer la estructura y presupuesto del mecanismo de protección de periodistas y defensores de los derechos humanos.

Hay un compromiso público, serio, del presidente Enrique Peña para actuar con firmeza y determinación para capturar y castigar a los responsables de los asesinatos de periodistas en México, como es el caso de Javier Valdez, y otros que han sido abatidos en diversas partes del país.

El “ya basta” de los periodistas, su indignación, es también nuestro grito y nuestra indignación. Es cierto que matando periodistas no se mata a la verdad. Matar periodistas y que sus crímenes queden impunes, es tratar de matar nuestro régimen de libertades y el sistema democrático que nos hemos creado con tanto esfuerzo y sacrifico a través de décadas.

Las balas que han matado a periodistas y defensores de derechos humanos no acabarán ni con su lucha ni con sus ideas de procurarnos un mejor país, libre de criminalidad, en paz, trabajando para su progreso.

Los que estamos de pie, los que tenemos responsabilidades frente a esos mexicanos sacrificados y frente a la nación, también tenemos la obligación de honrar su memoria aplicando la ley, haciendo brillar la justicia.

Celebro además que un creciente número de medios de comunicación escritos, audiovisuales y cibernéticos estén ahora uniéndose, reuniéndose, para analizar, debatir, proponer, lo que mejor convenga para mantener la libertad de expresión, para terminar con la impunidad y con los crímenes.
Senador de la República