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Noguchi: el artista de los parques

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

Si las ciudades del siglo XXI fueran como las concibió el artista estadunidense-japonés Isamu Noguchi, sin duda la vida en ellas sería mucho más grata, más sana, más segura y sobre todo mucho más lúdica. Noguchi concebía los parques como espacios comunitarios, que deberían diseñarse para una convivencia que fomentara la integración de la gente de todas las edades. Desde hace unos días, en el Museo Rufino Tamayo, niños y adultos pueden probar por sí mismos algunas de las creaciones del escultor.

Isamu Noguchi (Los ángeles, 1904-Nueva York, 1988) abarcó muchos ámbitos: la escultura, el mobiliario, las escenografías, el diseño industrial, el urbanismo. Su padre era japonés y su madre estadunidense, por lo que su obra puede entenderse como un diálogo, y a veces una confrontación entre ambas culturas. El resultado es un trabajo con vocación universal. A lo largo del tiempo, Noguchi trabajó en colaboración con el inventor Richard Buckminster Fuller, el arquitecto Louis Kahn, el compositor John Cage, y la coreógrafa Martha Graham.

NOGUCHI EN su estudio.

NOGUCHI EN su estudio.

Un arte para la comunidad

Noguchi creía que el arte, amén de sus atributos estéticos, podía tener una funcionalidad social. Como lo expresa el texto museográfico, Noguchi defendió con firmeza su convicción de que la escultura es una herramienta cultural y estética, que podía contribuir a que los individuos se integraran en una comunidad. Su filosofía se basaba en la democratización del arte y del espacio público. Por ello diseñó varios parques equipados con esculturas que eran al mismo tiempo juegos. Su objetivo era estimular las actividades creativas y la convivencia entre la gente de todas las edades. Sus parques eran espacios para el conocimiento mutuo y para estimular la participación en el mundo.

El artista consiguió que algunos de sus proyectos se materializaran, pero varios no pudieron perdurar hasta nuestros días. La memoria de aquella utopía urbana se conserva en los foto-murales, diseños y maquetas que forman parte de la exposición “Los parques de Noguchi” en el recinto del Bosque de Chapultepec.

“Noguchi era muy visionario y poseía una imaginación muy grande; para él un parque no eran solamente los objetos, sino que él pensaba en la experiencia del parque. Cómo una persona podía entrar en el parque y cambiar un poco su temporalidad, cómo podía entrar a explorarlo. Era la idea entre el parque y el paisaje. Al mismo tiempo siempre le quería dar una cualidad escultórica, que era lo más importante para él. Noguchi quería hacer una práctica en que las cosas podían ser tanto funcionales como artísticas”, dice Manuela Moscoso, curadora de la exposición, junto a las esculturas para jugar, que de manera permanente formarán parte de los jardines del Museo Tamayo.

“Con su investigación escultórica, Noguchi era muy serio. Cada objeto que van a ver en la exposición tiene una intención escultórica”, agrega la también autora del catálogo de la exposición.

¿Había coincidencias entre otros artistas y Noguchi en estas experiencias? La curadora responde: “Hubo algunos artistas de la posguerra que trataban de incursionar en disciplinas distintas, no solamente en las artes visuales. ¡Pero todavía los hay! Ahora vamos a invitar a algunas personas para el programa público, para recordar que sí hay gente que trata de romper estas barreras entre disciplinas. Noguchi pertenece sin duda a una generación que sufre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Yo creo que en este sentido es donde más encuentra él amigos o gente cercana que tiene esta idea de la reconstrucción. Y es en ello donde tal vez uno pueda encontrar paralelismos con otros artistas de su tiempo”.

VÉRTIGO Y arte para todas las edades.

VÉRTIGO Y arte para todas las edades.

– Días de guerra, días de juego

Durante la Segunda Guerra Mundial, los países aliados detuvieron a muchos ciudadanos de origen alemán, italiano y japonés. Los historiadores han establecido que entre aquellos detenidos hubo mucha gente pacífica. En Egipto, el músico calabrés Pietro Gigliotti, primer violín de la Orquesta Sinfónica del Cairo y padre de la famosa cantante Dalida, fue uno de los prisioneros. El gobierno de México estableció un centro de detención en Veracruz, un aspecto apenas conocido de la historia nacional.

Manuela Moscoso reflexiona: “Noguchi realmente se consideraba tanto japonés como estadunidense y cuando estalla la guerra, un poco por este estado de inconformidad ante lo que estaba sucediendo, por el antagonismo entre estas dos culturas, ingresa en un campo de concentración en Arizona, de forma voluntaria, para organizar talleres con la gente que estuviera ahí dentro, para crear un estado un poco más agradable ante esa experiencia que ya de por sí era complicada”.

“Cuando vayan a ver la exposición, verán una pieza que está en la pared; Noguchi quería crear un paisaje y un parque, para que el campo de concentración fuera un espacio agradable, no un lugar áspero o duro para quienes tuvieran que permanecer ahí, porque en realidad eran presos políticos, no eran delincuentes ni algo así. Noguchi personalmente sentía esa dificultad de lidiar con la guerra y con sus dos culturas completamente enemistadas, así que intentó cambiar las cosas desde la práctica”, dice la investigadora.

¿Hoy hay sucesores de Noguchi en este afán utópico? “Hay alguna gente que está haciéndolo en diferentes lugares del mundo; es algo importante. Lo que quiere esta exposición, sobre todo, es poner de relieve la importancia de seguir pensando qué es ciudad y qué es el espacio público en esa ciudad, quién lo designa, cómo se hace, de qué manera podemos estimular la creatividad o estimular la unión o los encuentros en esos espacios que son de todos. La exposición quiere contribuir a esta conversación de qué es ciudad. Es algo que nunca termina de ser vigente, siempre hay que actualizarle, siempre hay que volverle a pensar”, finaliza la entrevistada.

Juan Andrés Gaitán, director del Museo Tamayo comenta las obras que forman ya parte permanente del recinto: “Estamos en el exterior del museo con unas piezas a escala real de Noguchi. Es fundamental para nosotros que se tenga la experiencia de estos objetos, porque tienen una estética muy particular, muy especial muy refinada. Pero ése es sólo un aspecto; la escala, el tamaño y la disposición de las piezas son fundamentales en términos de cómo interactúan los individuos con ellos, los niños y los adultos por igual; invitamos a todo el mundo a que interactúe con estas piezas directamente”.

El entrevistado aclara que los visitantes pueden conocer directamente estas piezas afuera del museo y utilizar los juegos en cualquier momento: “Es la idea, que sea un espacio en el que todo el mundo pueda interactuar y encontrar su lugar, que no haya una separación tan específica entre las actividades que hacen los niños y las actividades que realizan los adultos”.

Juan A. Gaitán informa también que es la primera vez que se muestra en esta forma el quehacer de Noguchi: “Jamás se había hecho una exposición de este conjunto de obras ni en México ni en ninguna parte del mundo. Son obras que representan su pensamiento escultórico en cuanto a los parques, en cuanto a paisaje, el juego, el teatro, la danza”.

Los juegos que se incorporan a las instalaciones del Museo Rufino Tamayo son los primeros de su tipo en cuarenta años. Su mera presencia le confiere un carácter renovado a los jardines del recinto, son como una invitación a ejercer el espacio. Un columpio monumental es al mismo tiempo una escultura y un juego al aire libre, un objeto lúdico en el que la gente de todas las edades puede disfrutar del vértigo, sin sentir la inhibición que impondría un “juego infantil”; otras esculturas lúdicas despiertan la tentación de escalarlas.

Noguchi concibió en 1933 el parque “Play Mountain”, pero nunca pudo construirse; el artista no se desalentó, pudo ver dos de sus proyectos llevados a la realidad, el parque “Kodomo No Kuni” (1965-1966), en Yokohama, Japón, y el parque “Playscapes”, en Atlanta, Georgia, Estados Unidos.

Ya Noguchi había fallecido cuando se acometió la construcción del “Moere Numa Park”, en Sapporo, Japón. Sus creaciones permitían imaginarse mundos futuros y mejores.

El Museo Rufino Tamayo le espera en Paseo de la Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec. Para mayores informes puede visitar: www.museotamayo.org