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Normales

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

Álvaro Obregón es el primer Presidente constitucional cuyo cuatrienio transcurre bajo las normas de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la del 5 de febrero de 1857, es decir: la conocida sencillamente como la Constitución del 17, ordenamiento que está a punto de cumplir cien años. Es la más reformada de las Constituciones vigentes. Seguramente son ya 600 cambios. Y mantiene su esbeltez, por lo menos en la edición de la venerable editorial Porrúa. Obregón es el primer “general de pólvora” que acata lo que dispone el artículo 83. Al concluir los cuatro años de su mandato, entrega la Presidencia a su sucesor: Plutarco Elías Calles. Comienza la vigencia real de la señera Constitución mexicana.

Álvaro Obregón opta para gobernar en cabal acatamiento de los ordenamientos de la Suprema Ley. Invita a Vasconcelos para que atraviese la calle, con todo y escritorio, y se instale como secretario de Educación. En vez de la represión, el general opta por la Educación. Es conveniente recordarlo. La educación empareja a los pobladores de una nación llena de diferencias, contrastes y contradicciones que ha padecido la represión.

El propósito de prodigar educación está presente en cada etapa del difícil desarrollo social mexicano. Nunca ha faltado alguien piadoso que promueva una secuela de acciones educativas para asegurar que perduren las diferencias étnicas. La Escuela Normal Superior que surgió durante el interminable periodo de Díaz, dentro de la Universidad Nacional, tuvo el propósito de formar profesores que contribuyeran a “garantizar la ruptura con los símbolos del régimen colonial y fueran sustituidos por la ciencia, el pragmatismo y la secularidad.” Pronto emergieron los enfrentamientos de los maestros formados en las caducas nociones de la Real y Pontificia, con los propósitos de los maestros que deseaban formarse como profesores de primaria y secundaria. Bien diría Justo Sierra que la Universidad Nacional no tenía antepasados, ni abuelos. La Real y Pontificia era el pasado. A partir de la segunda década del siglo XX surge el normalismo mexicano: el urbano primero, el rural poco después. Y los organismos de perfeccionamiento docente. El Instituto de Capacitación del Magisterio fue un modelo que imitaron otras naciones. Surgió luego la Escuela Normal Superior dentro de la Universidad Nacional. Esta última no comprendió la importancia de esa labor educativa especializada. Y se separaron.

Comenzó una etapa de rigor académico en la educación normal, al fundarse la maestría y el doctorado en Ciencias de la Educación y cursos de especialización. Poco después surgiría el programa de formación de maestros y personal especializado en la educación rural. El maestro Rafael Ramírez logró establecer dentro de la Secretaría de Educación el Departamento de Educación Rural.

Es a través de la formación de maestros en enseñanza básica y secundaria rural que se propiciará la integración de más de 15 millones de mexicanos marginados hoy que trabajarían por la independencia alimentaria de la nación. La administración pública federal debe escuchar con fino oído a los jóvenes que quieren ser maestros en sus lugares de origen.