imagotipo

Normalidades-anormalidades / Cuidémonos / Hazael Ruiz Ortega

  • Hazael Ruíz Ortega

Los requerimientos de esparcimiento de los jóvenes están presentes en sus prioridades y en las agendas familiares e institucionales. Así, el colectivo, da pleno consentimiento a las actividades de esparcimiento saludable que aporte y potencialice el desarrollo. Por ejemplo, las esperadas y deseadas consecuencias positivas en la promoción de la salud física, psicológica y espiritual, la inclusión social, el acceso a oportunidades del saber, saber hacer y saber ser, al empleo, a redes sociales y la pertinente prevención y reducción del riesgo.

Entre sus inquietudes, los jóvenes examinan y descubren nuevas formas de ocupar su tiempo libre en sus respectivos círculos y comunidades. Destacan la lectura, las actividades culturales y deportivas, la música, las amistades, la alegría de su presencia en los puntos de encuentro viables por la recuperación de espacios e instalaciones públicas, entre otros.

Incluso un reconocido organismo internacional menciona de las oportunidades vía grupos de voluntariado con proyectos afines a sus expectativas. Pensamos, que así como -infancia es destino- el participar en voluntariados significa –adulto participativo-.

En este sentido, el Gobierno de la Ciudad de México igualmente da prioridad a la infancia. Así, el pasado 12 de noviembre, la publicación y promulgación de la Ley de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, la Ley de Cuidados Alternativos y el Programa destinado a la primera infancia de cero a seis años.

Sin embargo, también se conoce de las “anormalidades” en algunas decisiones juveniles que crean pérdidas irreparables, dolor, crisis y amplias reflexiones. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en septiembre del presente año, dio a conocer en el marco del “Día Mundial para la Prevención del Suicidio”, que la tasa de suicidios en México presentó una tendencia al alza de los años 2000 al 2013, pasando de 3.5 a 4.9 suicidios por cada 100 mil habitantes.

El Gobierno de la Ciudad de México, hace unos días, en la Subsecretaría del Sistema Penitenciario para prevenir situaciones no deseadas, inició la capacitación de servidores públicos de los Centros Varoniles de Seguridad Penitenciaria (de alta seguridad) para detectar riesgos de suicidio en internos.

Pero, también existen otras conductas en donde las líneas que dividen las fronteras entre “lo normal y anormal”, sin los debidos límites podrían crecer. Trabajos de investigación sintetizan “se apartan de este camino, adoptan un comportamiento arriesgado, comienzan a explorar su sexualidad y experimentan el embarazo precoz, o el alcohol, los estupefacientes o caen en algún tipo de delincuencia en su mayoría pasajera”. Afortunadamente, reiteramos son “anormalidades” (para nuestros efectos, son las conductas con desviaciones extremas, las claramente extrañas, las raras, las poco frecuentes).

Sin duda, son casos de anormalidades con diferentes perfiles y motivaciones. ¿Qué hacer para acotar esas acciones? que no se repitan, y no se reproduzcan esas fatalidades. Entre las respuestas, destacan las medidas preventivas y nuevas miradas a la solución de los problemas y toma de decisiones por parte de los jóvenes.

Regresemos a la “normalidad” y su representación social de los jóvenes. Expertos refieren que la mayoría de los jóvenes culmina bien su transformación de la infancia a una vida adulta funcional con el apoyo de la familia, la escuela y su red social. Prioricemos la solución de problemas y toma de decisiones, encontremos opciones de las rutas al bienestar individual y del colectivo.

hazael.ruiz@hotmail.com