imagotipo

Nuevas dificultades para superar el subdesarrollo

  • Alejo Martínez

En la afanosa pero semi-estéril búsqueda para encontrar vías de superación del subdesarrollo que agobia a la inmensa mayoría de los países del planeta, todo indica que está fortaleciéndose cada vez más una amenaza que obstaculizaría en forma radical y contundente los esfuerzos para liberarse de las cadenas del subdesarrollo. Por un lado está claro que una característica esencial que portan todas las naciones desarrolladas radica en la posesión de elevados niveles de ciencia y tecnología, los cuales son capitalizados sistemáticamente en las ramas de su producción.

El problema estriba en que esa invención, innovación y aplicación de ciencia y tecnología avanzadas por lo general está trayendo consigo una sustantiva reducción en los requerimientos cuantitativos de trabajo humano, lo cual está provocando ya considerable malestar en las sociedades desarrolladas. Hasta ahora gran parte de los desplazados por los avances tecnológicos han podido ingeniárselas para lograr ubicarse en tareas diversas de autoempleo, en el creciente comercio formal o en la galopante economía informal, pero padeciendo con suma frecuencia una pauperización respecto a sus ocupaciones previas o a sus pretensiones de primer empleo. Esa progresiva pauperización del empleo ha impulsado que haya un creciente repudio a los inmigrantes extranjeros a quienes injustificadamente se les culpa de la progresiva reducción de las oportunidades de trabajo.

Por otro lado está probado que una fórmula necesaria para integrarse al mundo del desarrollo radica en lograr incorporarse a la vanguardia científico tecnológica, al ámbito donde se obtienen los más elevados rendimientos económicos. Al menos ese fue el camino de países que lograron superar el subdesarrollo en forma relativamente tardía como Japón y después Corea del Sur.

En la actualidad se debiera plantear una muy seria duda al respecto: desarrollar al máximo las capacidades tecnológicas y lograr un alto nivel en la materia, si bien implica incorporarse a la economía más rentable, trae también consigo como severa contrapartida una drástica reducción en las posibilidades de incorporar altas dosis de un primordial factor de la producción, el trabajo humano. Y la mano de obra desocupada, subempleada y notoriamente desaprovechada, es un rasgo muy extendido y común en las naciones subdesarrolladas.

Pareciera que en la etapa de la sociedad postindustrial o del conocimiento, los países subdesarrollados enfrentamos así una perspectiva de avance sumamente contradictoria: o nos condenamos a permanecer indefinidamente en el atraso por mantenernos rezagados en cuanto a nuestros sistemas de producción, por dejar de avanzar en los modernos métodos de tecnificación —con mecanización, automatización y robotización— o nos arriesgamos a impulsar una sociedad todavía más desigual (característica propia y esencial del subdesarrollo), con mayorías marginadas y una minoritaria y privilegiada cúpula plenamente integrada a la modernidad.

Esta segunda estrategia, marcada por una agravada desigualdad, traería consigo severos conflictos y enfrentamientos que impedirían superar el subdesarrollo. El reto que se está planteando a los gobernantes, responsables de impulsar el desarrollo, es hoy gigantesco y por desventura no se les percibe a la altura de tan gran desafío.

Correo: amartinezv@derecho.unam.mx

Twitter: @AlejoMVendrell

A mayor tecnificación, menor ocupación de mano de obra e imposibilidad de desarrollo sin avance tecnológico.

Cfr. Arts. AMV 216 y 217.