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Nuevas oportunidades entre México y China

  • Daniel Ávila Ruíz

  • Daniel Ávila Ruiz

El jueves pasado, en mi calidad de integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores Asia-Pacifico, del Senado de la República, participé en una reunión de trabajo cuyo objetivo fue analizar y dictaminar el nombramiento de José Luis Bernal Rodríguez como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de México ante la República Popular China.

Al respecto, es de todos conocido la importancia de dicho nombramiento dada la coyuntura actual, donde China, gracias a su rol protagónico en el mercado mundial, se ha colocado a la vanguardia de los países con mayor influencia comercial.

Su rápido crecimiento y competitividad, que solo se asemeja a los periodos de crecimiento de Corea del Sur, Japón y Taiwán, implica una mayor presencia de China en los mercados mundiales, sobre todo, en países que tienen vocación manufacturera, como es el caso de México.

En ese entorno, ha surgido un debate sobre las repercusiones de las relaciones económicas de China con el resto del mundo. La visión más benévola destaca la vital e importante contribución que este país ha ejercido en el crecimiento de la economía mundial, pese a la crisis económica mundial del año 2008.

Por otro lado, los más críticos creen que su gran superávit comercial ha sido una fuente de desequilibrios globales y, por tanto, ha contribuido a la inestabilidad de la economía mundial. Se trata de un país con una economía que en los próximos años importará productos y servicios por ocho billones de dólares, y que aprobará proyectos de inversión extranjera por 650 mil millones de dólares.

Por estas y otras razones, los optimistas ven en China una alternativa a la influencia de Estados Unidos en México. Además, las relaciones comerciales entre China y México son más antiguas y estrechas, pues datan desde 1560, cuando se delineó una ruta de la seda marítima en el Océano Pacífico entre la región costera de China y Acapulco.

Los chinos exportaban seda, porcelana, algodón, artesanías, joyas, pólvora y animales domésticos hacia las colonias españolas en América, mientras que importaban productos manufacturados como zapatos, sombreros, vino, aceite de oliva, jabón, tabaco e insumos alimenticios.

Por eso no es de extrañar que China y nuestro país hayan ratificado el compromiso de fortalecer su relación en los ámbitos comercial, político, económico y de cooperación educativa, a través de una agenda de intercambios bilaterales.

Los dos países enfrentan retos comunes en campos como el desarrollo social y la protección del medio ambiente, que abren múltiples oportunidades para propiciar un mayor intercambio de experiencias y desarrollar nuevas agendas de cooperación.

Yo creo que es necesario hacer explícito nuestro acuerdo con la postura del presidente Chino Xi Jinping, en torno a impulsar un nuevo modelo de crecimiento inclusivo, con la innovación como principal motor, adoptando un enfoque coordinado entre ambos países.

Y también creo que en ese aspecto coincido con el embajador José Luis Bernal, pues después de evaluar su plan de trabajo, me enteré que sus objetivos serán buscar la consolidación del diálogo político, la apertura de nuevos aspectos de concertación, y la profundización en temas como el comercio, la inversión y la cooperación científica y tecnológica.

Con un escenario así, creo que ambos países seguiremos trabajando en proyectos que generen un beneficio mutuo. De eso estaremos muy al pendiente en la Comisión de Relaciones Exteriores Asia-Pacifico.
*Senador por Yucatán.

Secretario del Comité del Instituto Belisario Domínguez