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Nuevo año. Nueva Corte / De Justicia y otros Mitos / Sergio A Valls Esponda

  • Sergio Valls Esponda

El siglo XIX se caracterizó por la búsqueda de la libertad, tras la Revolución Francesa que tenía como objetivo derrocar a la monarquía que había llegado al límite del despotismo, así tomaron fuerza los parlamentos como representantes del pueblo, el poder auténtico lo tenía el legislativo. En el siglo XX las cosas cambiaron y algunos Estados entendieron que eran mas importantes otros derechos antes que la libertad como por ejemplo la seguridad y así surgieron liderazgos personales que recordaban en mucho a las monarquías absolutas pero ahora convertidos en movimientos totalitarios, por lo que el pasado siglo se caracterizó por la preeminencia del Ejecutivo y liderazgos carismáticos. Hay quien asegura que el presente siglo será dominado por los poderes judiciales quienes resuelven las tensiones entre los otros poderes y con amplias facultades se han convertido en verdaderos legisladores para cada caso y en ejecutores de sus sentencias.

Ante la conformación de una renovada SCJN, en la que la totalidad de los ministros nombrados en el convulsionado enero de 1995 por el presidente Zedillo junto con la mayoría del Senado han concluido su periodo. Habrá que estar atentos. Las decisiones en la Suprema Corte, como en todo órgano colegiado, se toman por mayoría por lo que el tema toma forma de consideración aritmética pues ante cada caso se estará a favor o en contra. Hablamos de once electores en cada decisión. Prever el sentido de los votos durante los próximos años es imposible. El cálculo no es fácil, ante lo complejo de los temas cada votación es un misterio y las segundas reflexiones sobre los mismos temas son frecuentes. Las voces conservadoras son un grato recuerdo desde la salida de los ministros Azuela y Aguirre.

Para el complicado, dividido y poco solidario gremio jurídico al final es probable que tal como pasa con los escritores, algunos ministros acabarán decepcionando. Si se mantienen en sus criterios, con sus mismas prosas, posturas y dinámicas decepcionan porque son predecibles, no evolucionan, se repiten. Mientras que aquellos que cambian su visión, pretenden innovar o se adhieren a los nuevos ritmos decepcionan porque parecen traicionar.

El surgimiento de la Suprema Corte de Justicia como actor fundamental en el desarrollo democrático del País es reciente, asumirse como un Tribunal Constitucional es ubicarse por encima de los Poderes de la Unión y de la Federación, tan difícil es entenderlo como aceptarlo. La historia de sumisión y subordinación del Poder Judicial al Ejecutivo forma parte de nuestra idea de Gobierno. Hoy es necesario conocer lo que pasa al interior de la SCJN para estar satisfechos con su labor, el canal judicial, el acceso electrónico a expedientes y jurisprudencia, la transparencia y rendición de cuentas no han dado los frutos esperados y muy merecidos. La confianza no se ha recuperado. La estatura que retoma nuestra Constitución y la calidad moral de quienes laboran en la Suprema Corte hacen imposible retroceder en el fortalecimiento de nuestro todavía inmaduro Estado de Derecho. Cuestión que seguramente comparten los nuevos jueces constitucionales. Enfrentemos los nuevos retos con nuevas propuestas.
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