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Nuevos liderazgos radicales ante un mundo que se replantea / Ramiro Pineda

  • Ramiro Pineda

El final del siglo XX y las primeras décadas del XXI han arrojado serios replanteamientos en diferentes naciones, mismos que de una u otra forma se han reflejado en el mundo entero. Éstos han ido desde la gran burbuja de crecimiento económico que registró China en la década pasada, hasta la fuerte crisis que golpeó a muchos de los más poderosos países, como Estados Unidos y varios de la Unión Europea, principalmente a partir del 2008, en una espiral descendente de la que muy pocos han podido comenzar a recuperarse y cuyas consecuencias seguimos viviendo las economías emergentes, como México.

Pero no todo se dirige exclusivamente a temas de economía  (aunque éste de una u otra forma se mezcle), también se han dado profundos cambios en lo político que impulsan transformaciones en los liderazgos. Baste ver las revoluciones que terminaron con regímenes como el de Hosni Mubarak en Egipto y el de Moammar Ghaddafi en Libia, además de la guerra civil que inició buscando deponer a Hafez al Assad en Siria y que se ha extendido por más de 5 años, en los que ni ha conseguido su propósito inicial y sí dio pie a crear a una de las organizaciones extremistas más peligrosas de los últimos años, el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés)

Todo lo descrito ha impulsado cambios de toda índole, entre los que no faltan “inventores del agua tibia” y “descubridores del hilo negro” que encabezan liderazgos radicales con los que se busca llenar aparentes vacíos de poder, además de dar a la sociedad mensajes diferentes a los que se han venido escuchando por parte de personajes de corte más tradicional. Ha llegado el tiempo en que bajo la búsqueda de planteamientos abiertamente diferentes, no se le discrimina ni a los más absurdos, en una suerte de reclamo popular de dejar de lado las realidades y tener nuevas promesas.

Este tipo de exigencia ha llevado al surgimiento o renovación de diferentes perfiles de líder a nivel mundial, algunos de ellos son derivados de las arengas bolivarianas del fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, torpemente heredado por su delfín Nicolás Maduro y con una larga cadena de rémoras, entre las que se han contado la expresidente de Argentina, Cristina Kirchner; el mandatario de Bolivia, Evo Morales; el de Ecuador, Rafael Correa; el de Nicaragua, el sandinista Daniel Ortega, además del régimen cubano de los hermanos Fidel y Raúl Castro, quienes más que someterse al liderazgo de Chávez, le hicieron una suerte de presión para brindarle una especie de bendición socialista a cambio de petróleo.

Por supuesto no se trata de los únicos liderazgos que han tendido a la radicalización, en la propia Europa unificada se han presentado casos como el de Marine Le Pen en Francia, y el hoy detestado Georg Heider en Austria, a lo que se suman diferentes agrupaciones neonazis en países como Alemania y Holanda, las que se extienden a las naciones que más han sufrido la crisis económica en la Unión Europea, como Portugal, España, Italia y Grecia, nación esta última que por un momento creyó encontrar la solución a sus problemas económicos en una suerte de radicalismo de izquierda como el de Alexis Tsipras, quien debió agachar la cabeza ante Alemania para recibir la ayuda que requiere su país.

En tal contexto global, no es para llamarnos extrañados por el crecimiento que ha tenido en Estados Unidos un liderazgo como el del empresario Donald Trump, quien haciendo arengas con todo lo que quieren escuchar los sectores más empobrecidos y menos educados de la población blanca, no ha tenido reparo alguno en culpar de todos los males a los inmigrantes latinos y al extremismo islámico. Recursos baratos y por demás simples de quien aprendió del “show business” tras tener su “reality show” llamado “The Aprentice”, donde de alguna forma supo la forma de conseguir “rating”, lo que ahora capitaliza políticamente para peligro de Estados Unidos y del mundo.

Es importante no desestimarlo, baste recordar que a Hitler en Alemania en algún momento se le tomó como un chiste y terminó por poner al mundo en peligro de su más grande debacle.
Twitter @RamiroPineda