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Aperitivos para la elección de noviembre | Numerados

  • Camilo Kawage

1.- La elección de Presidente en Estados Unidos sigue minuciosas, largas y engorrosas etapas que difieren de manera notable del procedimiento que conocemos en México, por más de una razón. La que ha concluido allá los días pasados días, que por uno de sus protagonistas ha ocupado para nosotros atento seguimiento, y la atención del mundo, es apenas la de designación formal de candidato por cada uno de los dos partidos, y ha llevado seis meses. Quiere decir que las campañas apenas comienzan, de aquí al 8 de noviembre que tendrá lugar la elección de quien suceda a Barak Obama, y que el desgaste que entre quienes observan el proceso dentro y fuera, inusual por tratarse del personaje que contiende con la señora Clinton, durará otros tres meses.

2.- Nada que de los insultos, denuestos y provocaciones nos pueda sorprender. La experiencia propia nos enseña que la degradación al adversario es elocuente, las más de las veces, de la calidad intelectual de quien la vierte, de la talla ética de su desempeño y es su retrato más fiel. Lo que debe llamar la atención –y la respuesta efectiva- de los electores, más allá de la permanente amenaza en que Trump ha centrado su diatriba, porque carece de discurso, de vocabulario y de coherencia en su expresión, es la frivolidad de sus apreciaciones, el tamaño de su megalomanía, y la imprudencia de su desparpajo.

3.- Si como puede esperarse según las tendencias en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el Congreso resulta en una leve mayoría para el partido distinto al del ganador, y aún con ella, Trump podría cumplir acaso bien pocos de los azotes con que ha amenazado, si bien a México y al mundo le sobra con los que en verdad podría llevar a cabo. El tema de la muralla y la clausura de las fronteras comerciales con nuestro país no pasarían la báscula del sentido común seguramente. Pero existe un daño que ya está hecho, gane la elección o la pierda.

4.- Se trata de tejidos sensibles, siempre latentes de resentimiento y rencor que el personaje ha despertado entre los propios americanos, entre quienes tantos mexicanos han nacido, viven, votan y trascienden en ése que hoy pueden llamar su país. Este señor sigue pensando que los negros, los latinos o los chinos de Estados Unidos son minorías cuyo voto no importa, y lo que hace es atizar el racismo, la inquina y la desunión. Que el Gobierno mexicano sea cuidadoso de pronunciarse sobre sus vejaciones verbales, no significa que a nosotros nos sea indiferente ver, oír e imaginar la capacidad de daño de un alienado con las facultades del Presidente de Estados Unidos.

5.- Puede parecer una ligereza, pero ni la señora Merkel, el presidente Hollande, ni aún su estimado amigo Putin decidirán la elección presidencial de nuestro poderoso aliado, cuya zona de influencia abarca un poco más que Nochixtlán y Pungarabato. Por más intercepciones a correos, espionaje del que se hacía antes, o tácticas siniestras de inteligencia y complós de los de verdad, es el vecino de enfrente el que dará su voto. Ahí radica la debilidad de cualquier designio, a la luz del expandido hartazgo hacia el sistema, y los conocidos arrojos innovadores de los americanos, que en una de esas les da por ensayar el experimento Trump a ver qué pasa.

6.- Ante el peligro de la triquiñuela de quien es capaz de declararse varias veces en quiebra para defraudar al fisco, Richard Nixon parecería un chico malcriado. Tal vez mejor nos quedamos con la cnte, sus mesas de diálogo y el castigo a las gasolinas.
camilo@kawage.com