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  • Camilo Kawage

1.- De entre las abundantes riquezas que nos procura la vida, el cúmulo de la experiencia, y la capacidad de discernimiento, nos enseñamos a apreciar los logros y la alegría de los que nos son queridos por encima de los nuestros y aprendemos a admirar el mérito y el esfuerzo que se vuelven aliciente y ejemplo. Esa distinta perspectiva nos permite incluso aprovechar los fracasos y los desaciertos de que nos quejamos y en los que sin querer incurrimos tan a menudo. Y puesto que a nadie ha sorprendido el resultado de la delegación de México a las Olimpiadas de Río; ni la actitud del funcionario encargado del deporte nacional ha descubierto nada nuevo, un par de datos se han presentado en el evento brasileño que llaman a mención.

2.- Una integrante del que debemos pensar es el equipo más selecto de los deportistas del país y que nos representa en la celebración mundial de mayor relieve, revestida de tantos símbolos -como la capacidad de organización, el espíritu de competencia, el espectáculo de la belleza y la nobleza de la entrega, el despliegue de la destreza y, no menos, el ánimo de la armonía entre tantos otros- se dijo satisfecha y contenta al ser eliminada en su pasatiempo de tiro con arco, y afirmó que no le debe nada a nadie. La cuestión es que probablemente habla con verdad, que no sólo no tuvo apoyo de su federación, del gobierno ni de sus compañeros, sino que además le costó dinero propio.

3.- Tal vez a Aída Román le falló la puntería, no le ayudó el viento o se hallaba malhumorada por otras circunstancias; no hizo precisamente gala de un entusiasmo jovial y contagioso hacia una audiencia mexicana ávida de un motivo de satisfacción, de un instante de alivio, ni con su resultado ni con su reacción. Es justo pensar que ningún atleta compite para perder, que la arrogancia nunca gana, y que no debemos ser catastrofistas como dice el comandante de la Conade, pero vaya que cuenta la actitud.

4.- Un notable contraste lo marcó, en un sentido más elocuente y profundo que la brillante y genial campaña de mercadotecnia que ha roto paradigmas, la mayor compañía de chocolates de Estados Unidos. Contactó a las familias de los competidores de ese país y, sin que éstos lo supieran, les pidió redactaran una nota personal de ánimo y simpatía para su ser querido, y la acompañó a una caja de Hersheys que estaba en el dormitorio del deportista a su llegada a Río. La compañía recordó que los mismos chocolates que llegaban a los atletas habían acompañado a los soldados de Estados Unidos en sus guerras extranjeras; rebasó sus expectativas comerciales pero, sobre todo, logró un vínculo de unidad, cercanía y apego a la tierra, que amerita toda la atención.

5.- Se entiende como un pequeño gesto con una gran carga de emotividad que puede parecer nimio; tal vez referido a Noruega no tendría un efecto tan puntual. El significado es que a nuestros atletas no les llega ni una golosina, ni una palmada de su federación, de su Conade ni de su Gobierno. Si se les ofreció algún premio, estímulo o recompensa de acuerdo a la ley de la materia, tal vez no se enteraron; tampoco se ha visto en su ánimo, su pasión deportiva o su compañerismo, y es inoportuno hacer sugerencias, más allá de la máxima del Rey de España, en este caso al desparpajado jefe del deporte, para quien las medallas no miden el éxito.

6.- El júbilo de los corazones, la confianza en la juventud, y la certeza de un presente tangible y prominente, se trasladan a una mexicana cuyo empeño y esfuerzo la invitan de estrella al Bolshoi.
camilo@kawage.com