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  • Camilo Kawage

  • Camilo Kawage
  • Valladar inquebrantable de la patria

 

1.- La vocación y el profesionalismo; el adiestramiento y preparación íntegra de mente, cuerpo y espíritu; la convicción y el sentido del deber de nuestros institutos armados, dan a los mexicanos la medida plena del orgullo que debe insuflarnos, y cuyo ímpetu en horas aciagas bien haríamos en honrar, para todos juntos salir del hoyo anímico en que nos tiene postrados una clase gobernante que al paso de los años no ha sabido alzarse, acercarse, ni entender a una ciudadanía ávida de verse a los ojos con sus dirigentes, que no atina a comprender y fundirse, ya no en sus apremios y sus urgencias, ni siquiera en sus anhelos y aspiraciones menos sofisticadas para contemplar con ella la verdadera magnitud de nuestra nación.

2.- El genuino sentimiento de orgullo que nos inspiran, el ejemplo de su entrega al enfrentar al enemigo en gala de un ideal de unidad y armonía nacional que se ha vuelto raro entre nosotros, en nada se compara con los elementos de división y encono que algunos quieren forzarnos a entender como factores inherentes a la normalidad cotidiana. Si el significado de ver a esos muchachos exhibir su valentía, su disciplina, su perfecta sincronía y su amor por lo que hacen, constituye la verdadera grandeza de un país, y existen pocas dudas al respecto, el nuestro es un país enorme; y si es un indicio de certeza en el presente, podemos ponderar su sacrificio.

3.- Como siempre en nuestra accidentada historia –pocas veces exenta de acechos y calamidades-, hoy la garantía de paz y seguridad de México se finca en las Fuerzas Armadas. El combate al crimen organizado que amenaza la serenidad y el sosiego de la nación se encuentra en buenas manos, y es en todo tiempo preciso reconocer en ese cuerpo la custodia de la libertad, como de elemental justicia agradecer su empeño, su constancia y su perseverancia: se trata de la total e indisoluble convicción en la fortaleza moral, en defensa de la vida y la prosperidad de México.

4.- De ese tamaño es el contraste de las Fuerzas Armadas con la mezquindad y cobardía de quienes, en el parapeto de los derechos humanos, denigran y envilecen el testimonio tangible de la profunda vocación de nuestros soldados y marinos. Los mercaderes de la disolución social que trafican con el honor de nuestros jóvenes caídos, son los que se solazan del éxito de los criminales. Los mexicanos sabemos honrar el sacrificio de nuestros hermanos, y la sociedad está atenta para condenar a sus verdugos. El de los soldados en Sinaloa es de los pocos que se hacen públicos y todos sabemos que existen muchos casos similares donde la justicia está pendiente.

5.- Por el espíritu de solidaridad, el arrojo y la entrega que les da la categoría de heroico, se reconoce íntegra, la contribución definitiva del Ejército y la Marina al sentido de identidad que late entre los mexicanos y forma parte de la esencia íntima de la patria. Ellos enfrentan no solo a los criminales que envenenan a nuestros hijos; también a la carroña de que se nutren los vividores de la venganza y del dolor de las familias. Ellos tendrán su castigo, en la ignominia de la sociedad a la que intentan sobajar.

6.- Esos principios de lealtad, valía, presteza y disposición permanente de las Fuerzas Armadas, prevalecerán siempre sobre la infame vileza y las tinieblas morales de quienes denigran la probidad y respeto que por principio merecen los militares y marinos de México. Esos que persiguen el derrotero de grandeza en la construcción cotidiana de ese bastión de honor del que la patria les vive reconocida.
camilo@kawage.com