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Presos políticos |Numerados

  • Camilo Kawage

1.- La empinada cuesta de la democracia nuestra nos cobra más caro el peaje a cada tramo y el camino salteado parece no tener fin. Los ciudadanos sentimos el desencanto, el abandono y la traición de unos falsos y huecos postulantes pasados de vivos que creen que nos pueden engañar, sin consecuencias para ellos, y utilizarnos de carnada para sus fines menos nobles. Una mirada a las campañas en curso para cargos que se renuevan el 5 de junio ilustra la medida que piensan nos tienen tomada, como una sociedad de inimputables, de hijos de un dios menor; pero la procacidad de los candidatos que las conducen nos rebaja aún más, a ras de disminuidos, incapaces de atenernos a un pacto social que nos identifique como nación civilizada.

2.- La calaña de los contendientes a gobernador hace evidente que ninguno de ellos honra la calidad de político, ni aspira al refinamiento del arte que obliga la profesión. Su carencia de ideas, de estrategias o de señales que asomen un indicio de su carácter, de su talante o tan solo su capacidad para asumir el alto encargo por el que compiten, la suplen con paladas de lodo, infamia, depravación y hasta sangre contra el adversario, incluso siendo parientes cercanos. Los mexicanos tenemos y apreciamos los valores del respeto, la dignidad, la preparación, la experiencia y el esfuerzo, bien por encima de la liza por acusar cuál es más patán que el otro.

3.- En ese ambiente catatónico a que ciertos dirigentes pretenden someternos, se ubican los actos de provocación y violencia, chantaje y abuso al prójimo que han desquiciado ciudades y estados enteros del país en su “lucha” por la anulación de la Reforma Educativa. El y los responsables de confrontar a los mexicanos entre ellos, y de medrar con el odio fratricida, elecciones o no, pagarán una abultada factura cuando dejemos de ser sus presos políticos. No habrán de inaugurar oficialmente sus emplantonamientos alienando la voluntad de la mayoría.

4.- Ese extravío de los conceptos y premisas que enaltecen la libertad, garantizan la vida en común y promueven la concordia, no es hoy privativo de nuestro México, ni nos consuela en absoluto. La negación de la política es patente en furores que arredran a países tan diversos como Austria -nunca lejos del radicalismo supremacista-; Francia -donde la ultraderecha lleva años en la línea-; Venezuela que está a poco de soltarse de la prisión política, y aún Estados Unidos, el caso más cercano a nosotros y el más peligroso para el mundo, donde los instintos más bajos de la xenofobia, el racismo y la inquina son lema de una campaña que puede ganar la presidencia.

5.- Para la elección del próximo domingo, aquí parece gustarnos el dilema entre candidatos de los partidos establecidos y la novedad de los que se dicen independientes, sin reparar que la suma de todos resulta un nada envidiable bajo cero. De ninguno hemos retenido un enunciado, una frase, una postura, vaya, ni una sonrisa que los distinga o que, en los Estados que cumplen calendario, anime a desperezar el voto. En la Ciudad de México la fecha nos dice menos, pues a pesar de la insultante publicidad, no se ha explicado qué se nos invita a elegir.

6.- A los políticos les hace falta vocación, sensibilidad y gallardía, entre todo lo demás; tal vez por ello se notó la ausencia de la clase gobernante en los funerales de uno que reunía las calidades de político a plenitud, pues Luis H. Álvarez fue mucho más que una figura del PAN; a algunos se les olvidó el modelo, y dejaron pasar la ocasión de expresar un guiño de unidad nacional.

camilo@kawage.com