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Numerados / Jardinero de la felicidad

  • Camilo Kawage

1.- Bastaba ver la barra en la televisión estatal al dar cuenta de la multitud que lo aclamaba en el aeropuerto, que leía “es aclamado al regreso de su victoriosa gira al extranjero”, para entender la rústica trama de su desfachatez. Premio Stalin de la Paz, Corifeo de la Ciencia, Padre de las Naciones, Brillante Genio de la Humanidad, Gran Arquitecto del Comunismo, Jardinero de la Felicidad Humana, son algunos de los títulos que por su propio ucase ostentaba José Stalin. Una de las vergüenzas de la historia que nadie pensaba podrían repetirse en el silgo XXI –salvo uno de sus descendientes, el actual zar de todas las rusias, y un aprendiz de tirano en el continente nuestro que azota a su país y tiene a sus vasallos al borde de la hambruna-.

2.- Ha superado a su mentor en las prácticas totalitarias. El golpista que lo condujo, de humilde chofer de buseta a heredero del poder absoluto, no calculó tal vez que su pupilo llegaría al extremo de derogar las facultades del Congreso, de oposición tras las últimas elecciones; que en medio de la quiebra financiera por un abrupto colapso del precio del único recurso que el país quiso explotar mientras le sobraban dólares para mantener una economía ficticia –corifeo de la ciencia al fin-, e incluso sufragar la de regímenes vecinos afines, sumiría en el desabasto de básicos y medraría con el hambre de la población, fanatizada y luego cruelmente desengañada.

3.- Artífice de la más grande humildad, igual que el papacito Stalin hacía que lo llamaran, el jardinero de la felicidad amenaza a sus enemigos y cumple a cabalidad sus purgas; tiene en la cárcel al más visible de sus opositores, aplasta al que osa inconformarse y acalla cualquier señal de descontento. Ha cancelado la posibilidad de ser removido del cargo por la vía jurídica torciendo el articulado de una Constitución que él mismo suscribió y, como los pronósticos del Foro Económico Mundial para la equidad de género, permanecerá en su sitio hasta 2186.

4.- En el país del brillante genio de la humanidad no se registra una fuga de capitales: todos se fugaron hace muchos años y generan jugosos dividendos a sus propietarios en Miami. Tampoco hay pleito con las empresas transnacionales que producen pañales y papel higiénico: las confiscó y están cerradas. En cuestión de comida, no se agolpan quejas de desabasto: sencillamente no hay comida; si algún ingenuo desea conseguir alimentos puede atravesarse a Colombia los fines de semana autorizados, previa compra de divisas a mil por dólar, si bien el tema del tipo de cambio se ha fijado a un rango oficial de seis bolívares. La inflación tampoco es problema para el padre de las naciones, a un manejable 600 por ciento este año.

5.- El reinventor de la demagogia ha desconocido al Poder Legislativo, la Asamblea Nacional, a cuyo presidente le grita destemplado que no lo subestime, pues él carga sobre sí a Bolívar y al heroico pueblo bolivariano, y gobierna por decreto con el respaldo del Judicial que tiene sometido. Sorprende por ello que ninguna comisión de derechos humanos, ninguna corte internacional, grupo de países, organismos mundiales de comercio, asociaciones humanitarias, izquierdas y derechas, todos los que suelen cargar la muralla de la condena universal contra gobiernos democráticos, se haya pronunciado contra las prácticas depredadoras de este camarada.

6.- El gran arquitecto del comunismo del siglo XXI tiene sus tiempos. Lo que parece increíble es el silencio del resto de los actores que lo solapan y le hacen la corte.
camilo@kawage.com