imagotipo

Numerados / Un largo y espinoso camino de vuelta

  • Camilo Kawage

1.- Después de ver y oír toda la basura que se han arrojado los postulantes a la Casa Blanca, la abyecta incoherencia y la desnuda ausencia de ideas de parte del farsante, la palabra degradada al insulto no como último sino como el único recurso de los ignorantes, blandido además con el impúdico cinismo de la petulancia, y hendido con la impudicia del que se sabe derrotado queda, en medio del amargo escenario, una seria preocupación tal vez no tanto por el futuro inmediato pasada la elección, sino por las consecuencias a mediano plazo de la ruptura social y política en Estados Unidos y el costo moral de restañar el quebranto causado por un temerario, con todas las implicaciones para la estabilidad en el mundo.

2.- Que un aventurero se lance sin cuerdas a desgarrar la entretela más refinada de una sociedad que, tal vez por inscribirse en un valor originario de su ser nacional como es el respeto innato a los principios de la democracia, los da por hecho, puesto que nunca los ha visto amenazados, es peligroso para cualquier país. Que lo haga un personaje engreído de su propia hueca vanagloria, autoendiosado ante las cámaras y ante su espejo y envanecido de saberse odioso, para quien el mundo gira a su entorno y que se jacta de su fortuna, derivada de evadir y engañar al fisco con sus diversas quiebras, es una afrenta a cualquier sociedad.

3.- Los disparates que ha proferido ese señor, como que reconocerá el resultado de la elección si la gana él, de ser víctima de un complot por parte de los medios corruptos y deshonestos, de culpar a la mafia en el poder por los ataques orquestados en su contra, no nada más revelan una forma inédita de pugilismo público en Estados Unidos, no solo hacen ver a nuestro caudillo local como estadista veterano sino que, a nosotros mexicanos, debería movernos a una seria reflexión sobre el deterioro de nuestra vida institucional, al que infelizmente nos hemos acostumbrado.

4.- Llama la atención que una persona con la experiencia y la trayectoria de la candidata demócrata, que conoce la forma de operar y hacer política en todos los países del mundo –con sus trucos y maniobras, sus mañas y maldades-, de quien puede suponerse, tiene a su lado al equipo de campaña más agudo, informado y perspicaz que el talento puede reunir, no se haya lanzado con la denuncia más cristalina y letal contra su oponente, que es afirmar la grave fractura a la unidad nacional que su retórica de encono, su discurso de odio, racismo y xenofobia han causado ya entre los americanos, una verborrea de división y rencor que ha enajenado incluso al partido republicano al que secuestró y a la sociedad entera y que tardará mucho en cicatrizar.

5.- Los mexicanos habremos podido comprender, esta vez en el reflejo de nuestro vecino, el daño que nos hemos causado entre nosotros con ese mismo discurso hiriente, ofensivo y paulatino. Aquí se advirtió hace muchos años, –bien antes que se acuñara la frase del peligro para México- sobre el agravio que nuestra propia identidad sufría con ese mensaje de división y desprecio hacia las instituciones. Más peligroso aún, resulta que los asesores del charlatán de allá copiaran el manual seguido acá para espantar a propios y extraños, resulten ganando adeptos, ¡como aquí!

6.- Una de las notables diferencias, sin embargo, es el extremo del sarcasmo de numerosos acaudalados donantes del partido republicano que se sienten traicionados por el candidato y exigen les devuelvan las entradas, es decir, los muchos millones que apostaron al apostador. Y la ruleta no se detiene aún.
camilo@kawage.com