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El Observador Parlamentario / Antonio Tenorio Adame

  • Antonio Tenorio Adame

  • Hoy, la promulgación de la Reforma del DF
  • El Congreso de los “chapulines”

La sesión de la Comisión Permanente trascurrió sin pena ni gloria; lo sobresaliente fueron las licencias otorgadas y los oficios de reincorporación a los trabajos del Congreso, como efecto “chapulin” de los congresistas, van y vienen a cargos de representación popular.

El diputado Quirino Coppel Ordaz, del Verde Ecologista, será el candidato a gobernador de Sinaloa de su partido, en coalición con el PRI. El diputado (PRI) Baltazar Manuel Hinojosa Ochoa será el abanderado en Tamaulipas y el diputado (PAN) Miguel Ángel Yunes Linares irá a competir como candidato a gobernador de Veracruz. A su vez, se reincorpora al trabajo legislativo el derrotado candidato de Colima, el senador José Luis Preciado (PAN).

La Reforma Política Electoral de 2013 procuró la formación profesional de los legisladores y autorizó la reelección hasta por 12 años. La supuesta carrera parlamentaria quedó en suspenso en 2015 por estar ya vigente; en la reforma solo se incrementaron las prerrogativas de los congresistas, pero no se limitaron las licencias ni las obligaciones. Hoy sigue el tránsito de los “congresistas chapulines”.

Ahora se opina que la permanencia del PRI en el control político del Gobierno se debe a la falta de transparencia, la opacidad y la corrupción del manejo de sus cuentas públicas. El origen de los males emana en la impunidad en que se sustenta el presidencialismo, donde el encargado del Poder Ejecutivo “no es responsable durante su mandato” (artículo 108, Constitución).

En el entorno del despojo de los fondos de la nación se añade el espectáculo de la detención del exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, quien bajo cargos de lavado de dinero fue detenido y liberado por orden del Poder Judicial español, en el aeropuerto de Barajas, Madrid.

El voto útil fue una bandera para sacar al PRI de Los Pinos, pero no sirvió para avanzar y garantizar la democracia.

Los modelos económicos y políticos sostenidos por PAN o por el PRI, al comparar la oferta de sus candidatos con lo que hicieron como gobernantes, se agota el aliento de votar y las alianzas se transforman en meros esquemas de legitimación electoral.

Ahora, el camino para derrotar a los partidos dueños del monopolio electoral significa revisar el sistema presidencial y ofrecer alternativas viables, lejos de aventuras.

La promulgación de la Reforma del Distrito Federal este viernes en el Diario Oficial de la Federación aparece el decreto del presidente Enrique Peña Nieto, que otorga vigencia a la Reforma Política que elegirá al Congreso para la formulación de la Constitución de la entidad federal de la Ciudad de México.

Es pertinente referir que se trata de una “reforma posible”, derivada de un acuerdo político enmarcado en las Reformas Estructurales del Pacto por México. Dentro de las once reformas planteadas es la única que al parecer logrará ser efectiva, dado que otras han sido frenadas o desviadas por diversas circunstancias, como en el caso de la Reforma Hacendaria, cuyos mayores efectos de imposición directa se frenaron por la crisis económica.

La Reforma Política del DF garantiza el acceso de la ciudad a recursos federales de fondos como el de Capitalidad y el de Aportaciones para la Infraestructura Social, en beneficio de los ciudadanos, señaló el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera Espinosa.

Fundamentalmente, reconoce la soberanía a la entidad desde otras soberanías, la de los poderes de la federación y la de los congresos de los Estados; es una soberanía concedida, pero no reconocida y respetada de origen, parecida a la que se brinda a los protectorados.

El federalismo mexicano fue forjado por las diputaciones provinciales diseñadas en su territorio desde las provincias borbónicas; posteriormente, las cortes españolas reconocieron a dichas diputaciones provinciales y fueron ellas, y no el modelo de Madison en la Unión Americana, las que proclamaron la soberanía de cada Estado en México. Hoy, esa exactitud federal no fue posible. En México, los Estados hicieron la federación; ahora es al revés.