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Oído en una librería…

  • Leer la clave del poder: Andrea Balanzario Gutiérrez

Cómo deben divertirse las libreras y libreros con insólitas solicitudes de sus clientes. Me ha tocado ver a una señora medir los libros —alto y ancho de los lomos— para los libreros de su casa. No solo en México se ven (y se oyen) peticiones simpáticas como las historias de la Edinburgh Bookshop con muchas anécdotas que los mismos propietarios, Vanessa y Malcolm Robertson postean en sus redes sociales: “Leí un libro en los años 60. No recuerdo el autor ni el título, pero la cubierta era verde y me reí mucho. ¿De pura casualidad… lo tendrá?”, “Hola, tengo una pregunta. ¿Sabes si Ana Frank escribió una secuela?”,“¿Tendrás alguna novela negra que se trate sobre las multas por exceso de velocidad?”, “¿Tienes libros en este tono de verde? Me gustaría que hicieran juego con el papel para envolver que compré”, “Si mi hija quisiera comprar libros para adolescentes, ¿tendría que mostrarles alguna identificación? Ya cumplió los trece años este fin de semana. Tengo fotos de la fiesta… puede contar las velas”,“¿Dónde está la sección de novelas ficticias?”.

O las anécdotas de Ripping Yarns, desde la Segunda Guerra Mundial, esta librería abrió sus puertas en el norte de Londres donde venden libros de segunda mano:“Si compro un libro, lo leo y lo traigo de vuelta, ¿lo podría cambiar por otro?”, “Quiero el libro más pesado que tengan por favor”, “¿Sabe usted si los hermanos Grimm escribieron algún cuento sobre dinosaurios?”.En nuestro país piden libros para exhibir en el Metro y facilitar ligue, es decir, títulos llamativos aunque no los vayan a leer. O lo que pidió una chavita en la librería donde compré “Por las fronteras de Europa”, lo oí por pura casualidad: “Mi abuelita tiene cáncer en los pulmones y sus médicos ya la mandaron a la casa, pero me dijeron que preguntara por un libro que la puede curar…”. Ojalá hubiera un libro así. Hoy te recomiendo ocho títulos muy buenos, todos te aseguran anécdotas divertidas en sus lecturas: