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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

Horas antes de que dieran a conocer a la abanderada nacional, María Espinoza no estaba tan segura de que sería la elegida por la repercusión histórica en ser la primera deportista en tener el privilegio de portar el lábaro patrio  en dos ocasiones consecutivas como lo hicieron los clavadistas Joaquín Capilla y Fernando Platas. Esto ya no lo veremos en mucho tiempo.

De acuerdo a los criterios del Comité Olímpico Mexicano hay tres puntos a tomar en cuenta para la elección del deportista que encabece el equipo nacional. Primero, amplia trayectoria. Segundo, la autorización del atleta, entrenador o dirigente; y tercera disponibilidad en el calendario de competencia.

No me adentraré a los factores políticos que determinaron esta designación, no obstante que María Espinoza era representante de las Fuerzas Armadas de México, el principal patrocinador de los deportistas olímpicos mexicanos en la actual gestión del movimiento olímpico.

La misma María, cuando le dije que entre las candidatas estaba Daniela Campuzano, me preguntó quién era ella. Le respondí que era una ciclista que tiene como mayor mérito ser tetracampeona del Campeonato Panamericano de Ciclismo de Montaña, un deporte extremo que forma parte del programa olímpico desde los Juegos de
Atlanta 1996.

María con la ecuanimidad que le caracteriza el lunes comentó: “La persona que vaya a ser designada, lo va asumir de la mejor manera, y afortunadamente México tiene varias mujeres que tienen logros suficientes”. Ella fue Daniela Campuzano:

“Hay sentimientos que simplemente no se pueden explicar con palabras. Será para mí un gran honor y privilegio ser abanderada de la Selección Mexicana para los Juegos Olímpicos de Río. Muchas gracias a todas las personas que han sido parte de esto y que están tan emocionados y sorprendidos como yo. Muchas gracias por cada uno de sus mensajes, son una gran motivación y alegría para mí. Sin duda la mayor felicidad es aquella que se comparte”.

A su regreso de los Juegos Panamericanos de Toronto conocí a Daniela -había sufrido una fractura de muñeca- y su entrenador Vicente Cetto, en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la ciudad de México. Habló de las dificultades que pasó por una lesión, el poco tiempo de entrenamiento y sus planes futuros. Ella vive en la Montaña, adelante de Tulancingo, Hidalgo.

A los 12 años comenzó en la práctica deportiva motivada por su papá, nunca creyó que fuera a convertirse en su pasión. Daniela tuvo de maestro en el ciclismo de ruta a Luis Rosendo Ramos y apoyada por Verónica Leal cumplió cuatro temporadas con un equipo italiano, pero en el ciclismo de montaña ha concretado sus sueños deportivos y dentro de unos días más, en Río de Janeiro tendrá una motivación especial.

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