imagotipo

Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

EL jamaiquino Usain Bolt estaba convencido de que no ganaría los 100 metros que marcaron el punto final a su carrera deportiva salpicada de claroscuros de su génesis como atleta, en el Campeonato Mundial de Atletismo de Londres, Inglaterra.

Los representantes de Estados Unidos, Justin Gatlin y Christian Coleman eran la sombra de Bolt, quien no se pudo librar de los problemas de la espalda y después del disparo de salida, con una muy lenta velocidad de reacción, aunado al arrastre de la pierna izquierda marcó su destino en el adiós de una crónica que no debió anunciar.

No fue el atleta arrollador de otros Juegos Olímpicos o Campeonatos del Mundo, donde estableció las marcas mundiales de los 100 y 200 metros, así como el relevo 4 x100. Un año después de que aplastó a sus rivales en Río, no tuvo comparación.

En un afán protagónico, el anunciar su despedida fue un error, aunque lo quisiera así, no hay mejor momento de decir adiós que cuando ocurre en el momento inesperado. Quería la fiesta en Londres, pero no pudo coronar el festejo acorde a su jerarquía.

El que sorprendió fue Gatlin al mejorar la marca personal de la temporada y la revelación del atletismo de velocidad Coleman le faltó el temple para dictar el nuevo reinado, una medalla de plata que sólo figuró en la estadística, pero no en los reflectores.

Quizá, desde los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, con el predominio de Jesse Owens en al ganar los 100, 200, relevo 4 x 100 y salto de longitud, el rechazó de Adolfo Hitler a un atleta negro, no tuvo la misma respuesta de los atletas de otros países y el público lo reconoció por su hazaña, inclusive apoyado por un deportista alemán que le compartió algunos consejos a costa de su propia victoria.

Sin embargo, en los anales de los Mundiales, no recordamos un repudio como el vivido por Gatlin, en la ceremonia de premiación y después del final de la carrera. Si, bien le rindió pleitesía a Bolt por la trayectoria, el rechazo por los casos de dopaje del atleta estadounidense -recordemos la sanción que se mantuvo al equipo ruso- , difícilmente se podría superar sin el temple que mostró.

Esta vez, Usain Bolt los reflectores nublaron su concentración y hay que aceptar que no llegó en la mejor forma por situaciones emocionales que significó la pérdida de su mejor amigo y la persistente lesión de la espalda Si mantiene su espíritu competitivo, Bolt quizá podría regresar a las pistas, el tiempo lo dirá sí brilla como el sol de Tokio 2020.

Email: olimpionico6@hotmail.com

Twitter: @olimpionico10