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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

A tres meses de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que ya vive la fiesta con el recorrido de la antorcha olímpica por su extenso territorio, la crisis política es un factor que ha elevado una voz de alarma ante la opinión pública mundial, los retrasos en la infraestructura de la ciudad y el virus del zika, como principales amenazas.

La historia de los Juegos Olímpicos en mayor o menor medida, afronta situaciones que han marcado su historia. En los Juegos de México 1968, la matanza de Tlatelolco ensombreció la celebración, pero no determinó su futuro. El Comité Organizador determinó crear una campaña relacionada con la Paloma de la Paz.

Por toda la ciudad se colgaron estandartes con la imagen gráfica de los juegos y la paloma como un símbolo que atenuará el malestar del imaginario social. Los resultados históricos echaron por la borda la campaña en contra de México, promovida desde Europa en relación al fenómeno adverso de la altura, miles de palomas surcaron los aires del Estadio de Ciudad Universitaria en señal de hermandad.

El uniforme original de Enriqueta Basilio para la ceremonia no era el blanco como se conoció mundialmente, era otro con una paloma ensangrentada, pero no pudo usarlo dentro de sus múltiples anécdotas que cuenta la atleta originaria de Baja California. De hecho muchos deportistas – estudiantes después de los juegos abandonaron las instalaciones del Centro Deportivo Olímpico Mexicano.

Los sucesos de Septiembre Negro, cuatro años después, fueron otro detonante, hizo su aparición el terrorismo. En aquella ocasión se deliberó si debían o no seguir los Juegos Olímpicos. Luego vendrían los boicots de Moscú ‘80 y Los Ángeles ‘84. Desde entonces, las villas deportivas y el anillo olímpico – donde se encuentran los escenarios deportivos – se convirtieron en burbujas infranqueables.

En Atlanta 1996, dos explosiones a un lado de los estudios de CNN y la crisis del transporte marcaron los Juegos del Centenario; en el centro de Sydney se registraron algunas manifestaciones a favor de los pueblos indígenas. En Atenas 2004, el comité organizador invirtió más de 100 millones de dólares en seguridad; a un lado de la Villa Deportiva se instalaron misiles tierra – aire para resguardo de posibles ataques terroristas.

Para los Juegos Olímpicos de Beijing que dio una muestra soberbia de organización y espectacularidad, los voluntarios en su mayoría eran militares y en Londres 2012, no pudieron superar lo realizado por los chinos. Ahora, Río de Janeiro tiene la experiencia de la Copa del Mundo de Futbol y los Juegos Olímpicos como una ventana de esperanza en una región latinoamericana en crisis política, económica y social.

Ayer, una niña refugiada siria de 12 años, declaró: “Me siento brasileña”, los problemas existen siempre, lo importante es de que no trasciendan y hagan de una fiesta mundial, un motivo inolvidable de celebración.

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