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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

La amenaza terrorista siempre está latente en sitios de grandes concentraciones humanas; lo ocurrido en Niza es una advertencia, sobre todo ante la proximidad de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en Brasil, dentro del ámbito deportivo.

Si bien se dice que no hay mejor seguridad que la que pasa inadvertida, los sistemas para resguardar la integridad de una celebración que congrega a miles de personas está en alerta máxima, dentro y fuera de los escenarios deportivos.

En China, la mayoría de los voluntarios eran integrantes de las Fuerzas Armadas, no había detalle que se les escapara, además de los diferentes filtros que uno debe de pasar, la sensación de que a uno lo observan es real.

Recuerdo durante los Juegos Paralímpicos de Beijing, una historia relacionada con el tema de la seguridad ocurrida en el Centro Internacional de Radio y Televisión, ya con muchas menos personas, ni el mismo tren de actividad de los olímpicos.

Faltaban solo un par de días para la ceremonia inaugural en el estadio olímpico, se acercaba la hora de comer y me encontré a un camarógrafo de la Conade, lo noté intranquilo y uno piensa que podría ser por el estrés del trabajo. Así que lo lleve a un centro de masaje tradicional en Beijing. La gerente era mi amiga, de nombre Wang Feng, y ese día me había invitado a comer.

Así que le presente al camarógrafo y le dije que era un amigo de México. Lo dejé en el lugar, mientras salimos a un restaurante cercano al Nido de Pájaro. Poco tiempo después, una de sus empleadas empezó a hablarle a mi amiga por teléfono. Me preguntó cosas relacionadas con el camarógrafo, porque la policía había llegado a la sala de masajes.

Nunca imaginé que el nerviosismo mostrado era por un delito que cometió, aunque yo ignoraba lo ocurrido, le dije a Wang Feng que él trabajaba para un organismo deportivo del Gobierno y que éramos colegas. Creo que ella ya no disfrutó la comida y regresamos. Tal vez me pudo haber involucrado, pero no fue así.

Me enteré poco tiempo después de que fue aprendido por la policía, porque se robó un equipo de video de una televisora española. Pensé que le pertenecía, sin embargo, las cámaras confirmaron el hurto, los agentes nos siguieron seguramente y fue a parar a la cárcel.

Carlos Hermosillo, director de la Conade intercedió y el camarógrafo regresó a México. Quién sabe qué sería de su vida, porque tampoco comprobó gastos. Así que la seguridad está presente aunque no la vemos y hay otras que sí, como la artillería antiaérea a un lado de la Villa Deportiva en Atenas 2004, un mudo testigo de que la amenaza terrorista está presente.

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