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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

Al cumplir 10 años del trágico accidente que sufrió en los clavados de altura que lo dejó cuadripléjico, Sergio Rafael Goribar, mejor conocido en el ambiente del mundo acuático como “Tachiro”, después de ver las competencias de los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016, descubrió un nuevo sentido a la vida.

Sergio Goribar sufrió un accidente en Taiwán, durante una exhibición de clavados de altura una ráfaga de viento hizo que se enredara con la bandera mexicana, perdió el equilibrio, se  precipitó al vacío y su cabeza golpeó en la orilla de la fosa, se fracturó la cuarta y quinta vértebras cervicales.

Tenía 21 años y al paso del tiempo ha sorteado dos severas crisis depresivas que lo han tenido al borde de la muerte. Son esas historias de vida en uno de los peores accidentes del deporte mexicano.

“Tuve una recaída grave, pero mi familia me está ayudando y ya estoy mejor disfrutando lo que se puede”, comentó “Tachiro”, al lado de su mamá frente a la playa, donde suele contemplar el horizonte y respirar el aire proveniente del mar para aminorar la ansiedad por la falta de movimiento.

Sergio daba pláticas a jóvenes en el Centro Integral de Rehabilitación de Quinta Roo, pero en este momento, dijo no trabaja y de hecho “estoy en ese momento de ver qué voy a hacer, solo que para la familia es muy pesado y hacen mucho por mí: Ya se cansan los caballos”.

Él perteneció a la Escuela Mexicana de Clavados, dirigida por Francisco Rueda y Martha Lara en las instalaciones del CDOM, pertenece a la generación de Rommel Pacheco y Paola Espinosa. En la plenitud de la vida, un inquieto deportista “quedé postrado a una silla de ruedas es una lucha que tiene solo como escenario el pensamiento.

“Entré en depresión y me estaba dejando morir sin darme cuenta y otra de las cosas era estar lejos de la familia, luego me cambié de casa y así se juntó todo, hasta escuchaba voces en mi cabeza como si alguien estuviera en mi mente”, declaró Sergio, radicado en Chetumal, donde dicen “comienza México”.

Ahora, “Tachiro”, a quien recordamos por las tardes siempre sonriente, divertido y latoso en los pasillos del CDOM, tiene el propósito de terminar su educación media superior y estudiar psicología o idiomas y prepararse para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

Entusiasmado por las competencias que observó en la televisión y se dio cuenta que un cuadripléjico puede competir, en la modalidad de boccia. México ya tuvo un representante en esta disciplina. La plusmarquista y ganadora de cinco medallas paralímpicas en la especialidad de powerlifting Amalia Pérez, intentará ayudarlo para que se desarrolle en el deporte paralímpico.
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Twitter: @olimpionico10