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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

Una situación verdaderamente penosa es la que atraviesan las jugadoras de la selección nacional de waterpolo y los padres de familia, que hacen las gestiones que le deberían de corresponder a la Federación Mexicana de Natación y la Conade.

Con pancartas asistieron a las instalaciones de la Conade para exigir el cumplimiento del compromiso de asistir al Campeonato Mundial de Waterpolo Femenil para menores de 18 años, a celebrarse en Nueva Zelanda, del 12 al 18 de diciembre.

Eder Rivera, responsable del waterpolo de la FMN, argumentó que no podía apoyarlos, porque tenía un compromiso familiar. Las seleccionadas provenientes del interior de la República, Estados Unidos y Europa, no tienen dónde hospedarse, lugar de entrenamiento, ni trajes de baño para representar a México.

La Conade no aceptó firmar una carta–compromiso para garantizar la asistencia al Mundial que se ganaron por derecho al eliminar a Brasil en muerte súbita, durante el Campeonato Panamericano Junior, en el 2016.

El responsable de Calidad para el Deporte, Valentín Yáñez, no los recibió, solo la secretaria particular y el metodólogo Fabio Velázquez dieron la cara para tratar de solucionar este problema, sin capacidad de decisión y aduciendo que era muy costoso, con un presupuesto de 1.5 millones de pesos.

Después de más de ocho horas, algunos padres de familia se hicieron a la tarea de recabar la documentación de las integrantes de la selección, los datos que les solicitaba el personal de la Conade, reducir costos y ver con agencias de viajes si era posible obtener un crédito a pagarse el año próximo.

Aunque inicialmente se aprobó el viaje, esta situación no habría ocurrido con un poco de previsión, ya que los boletos de avión se habrían adquirido a mitad de precio, señaló la señora Mariela Trujillo, madre de una de las jugadoras de la selección, quién no ha quitado el dedo del renglón.

A las seleccionadas tampoco les han querido dar facilidades para hospedarse en Villas Tlalpan, CNAR o Comité Olímpico Mexicano, con el argumento de que no hay espacio para ellas, ni alberca para entrenar estos días que restan con el viaje encima.

Aunque existe una aprobación verbal, la realidad es que ni la Federación Mexicana de Natación ni tampoco las autoridades responsables de Conade han actuado, ya que la cancelación del viaje ocurrió el 23 de noviembre y a ellos apenas les avisaron el jueves, para que no tuvieran capacidad de maniobra.

Lo poco que han logrado ha sido gracias a las redes sociales y a la persistencia de jugadoras y padres de familia.

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