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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

En el 60 aniversario de Editores Mexicanos Unidos (Editmusa) se elaboró una serie de libros clásicos, entre ellos “Obras Maestras” del ruso Antón Chejov, una compilación de cuentos, relatos y teatro; un viaje de 607 páginas que hicieron de la existencia del escritor un pasaje insospechado de la naturaleza humana, hay varias citas sobre deportes, lo que habla de esa tradición eslava, pero en este caso, mencionamos una experiencia que vivimos a diario y está en nosotros cambiar.

“Poca Cosa” es el nombre del cuento que trata de la institutriz llamada Yulia Vasilievna para cobrar sus servicios o ajustar cuentas sobre 30 rublos al mes, ella corrige a su patrón y le dice que  eran 40. Comienza la rebatinga y le comenzó  a descontar el ingreso de su trabajo.

La resta dio inicio con nueve domingos que no le dio clases a su hijo Kolia, más tres días de fiesta, por lo cual le descontaron 12 rublos. Eso no era todo, su alumno estuvo enfermo durante tres días y le quitan 19 rublos, así que le quedaban 41.

La institutriz en este momento empezó a descomponerse; sin embargo, no dijo una sola palabra. El papá del alumno en tanto proseguía con el desglose, ahora le quitaba otros dos rublos por una taza de té que rompió. Kolia se desgarró la chaqueta jugando y como lo tenía que cuidar, otro descuento de diez rublos y cinco más por el hurto de los botines de su otra hija Varia; más diez rublos que pidió prestado.

De los 41 rublos, le restó 27 y sólo cobraría 14 rublos del total de su sueldo. Los ojos se le llenaron de lágrimas, de su nariz aparecieron gotas de sudor. La profesora le dijo que también su esposa le prestó tres rublos y por lo tanto le quedaron 11 de los 80 que le correspondían por su trabajo. Los tomó con sus dedos temblorosos, lo guardó en su bolso y todavía le dio las gracias, porque en otros sitios ni siquiera le pagaban.

“¿Por qué es que se puede ser tan tímida? ¿Por qué no protesta usted? ¿Por qué calla? ¿Es que se puede vivir en este mundo sin mostrar los dientes? ¿Es que se puede ser tan poquita cosa?

Ella sonrió débilmente y en su rostro leí: ‘Sí se puede!’

Le ofrecí disculpas por la cruel lección y le entregué para su gran asombro, los 80 rublos. Tímidamente balbuceó su gracia y salió… La seguí con la mirada y pensé: ¡Qué fácil es en este mundo ser fuerte!”. Una lección muy actual.

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